¡QUE TIEMPOS! ¡QUE RECUERDOS!...

En Coruña,.
El coche en estas fotos tenía ya más de 10 años.
Y yo había cumplido los 40 y...
Coche, carné de conducir y nociones de mecánica.
Estoy días estoy repasando papeles, fotos, agendas, etc. y no he podido evitar dar con viejos y queridos recuerdos de unos tiempos que empiezan a quedar lejanos aunque no por eso se desvanecen en mi memoria.
Hoy os traigo antiguas fotos mías con mi inseparable SEAT 600 D, de color azul, que tuve durante algo más de 20 años y que al fin deje, no sin pena, porque me resultaba pequeño para ciertos viajes cuando precisaba ir acompañada y con equipaje.
Empezaré las aventuras de mi coche por el principio. El propietario inicial del SEAT fue mi hermano Andrés, marino mercante, quien lo había comprado para disfrutarlo durante unas vacaciones, pero cuando tuvo que volver a embarcar teniendo en cuenta que iba a hacer rutas por América y que quizá tardase casi un año en regresar, optó por vendérmelo a mi, prácticamente nuevo, aunque yo entonces no tenía el carné de conducir. Como por aquella época justo acababa de irme a vivir y trabajar a Vitoria Gastéiz, el coche lo llevamos para allá, en un viaje al que me acompañaron mi hermana y mi cuñado, conduciendo éste, el cual ya me fue dando clases prácticas por tierras castellanas de Palencia, una vez que dejamos la nacional VI, después de Benavente. Entonces las carreteras estaban despejadas y pude hacer unos kilómetros de incipientes prácticas de volante y marchas sin riesgo alguno ni para mí ni para el prójimo.
Una vez en Vitoria el coche quedó en un garaje mientras yo me preparaba para examinarme de conducir en una conocida academia alavesa, llamada auto- escuela Zaldivar, que creo aún existe. Las prácticas las hacia por el centro de la Ciudad, donde residía, pasando por Postas, Dato, Canciller Ayala, Manuel Iradier, Florida, y luego paralelamente por el parque de este nombre, hasta San Prudencio, una zona sin casas por aquellos años…Entonces era fácil ir por el centro de la ciudad, hoy calculo que la mayoría de esas calles serán peatonales. Tuve un estupendo profesor de conducir que me enseñó muy bien, y un consejo que siempre seguí ha sido el de mirar con frecuencia por el espejo retrovisor, calcular la distancia de los coches que vienen detrás y facilitarles la maniobra de adelantamiento para no entorpecer a los demás conductores.
El teórico lo aprobé fácilmente y el práctico lo suspendí por un alarde de “chulería” ante el guapo soltero que me examinaba, al que quería impresionar, cuando me indicaron hacer una maniobra de aparcamiento marcha atrás. Lo hacia tan bien en las prácticas que confiada en mi destreza, lo quise hacer muy rápidamente y ¡zás!, tiré los palos que fijaban los limites del estacionamiento. Luego avergonzada y perdida la confianza en mi misma, suspendí dos veces más las prácticas. Así que tuve que volver a examinarme del teórico y del práctico, pero como se me aproximaban las vacaciones y necesitaba venir a Galicia con mi coche, puse los cinco sentidos, y un tanto de humildad y calma, ante el soltero "guaperas", y aprobé. Era el año 1970.
Para rematar el aprendizaje, hice también un sencillo cursillo de mecánica y mantenimiento del coche, muy elemental, en la misma auto-escuela: cambiar ruedas, limpiar y cambiar bujías, tapa del delco, ajustar el ralentí del motor con el chiclé, mirar los niveles, cambiar las luces, cargar la batería, etc. etc. ¡si ahora lo pienso me da risa!, jajá…Hoy en día, aunque sepa teóricamente como cambiar una rueda no podría hacerlo porque ya no tengo fuerza ni para abrir un bote de mermelada. ¡Menos mal que si se teclear el móvil para pedir ayuda!, jajá…
Autoescuela Zalvidar, en Vitoria, Alava. 1970
En clase de mecánica, con otros alumnos descubriendo las "tripas" al coche.
Averías y despistes.
En el primer año tuve dos o tres pinchazos de ruedas yendo de Vitoria a Pamplona pero no tuve que aplicar los conocimientos porque en aquella época el ir una chica sola en coche por la carretera era una novedad. No bien salía del coche y hacía ademán de coger las herramientas ya frenaban a mi lado varios coches, cuyos conductores se disputaban la gloria de ser mi “héroe salvador”.
En el primer año tuve dos o tres pinchazos de ruedas yendo de Vitoria a Pamplona pero no tuve que aplicar los conocimientos porque en aquella época el ir una chica sola en coche por la carretera era una novedad. No bien salía del coche y hacía ademán de coger las herramientas ya frenaban a mi lado varios coches, cuyos conductores se disputaban la gloria de ser mi “héroe salvador”.
Como digo, eran otros tiempos porque pasados unos años y ya viviendo en Galicia, una noche de sábado, lluviosa y fría, que regresaba desde Santiago a Coruña, el coche se me paró, a más de la mitad de camino, en una zona boscosa y de curvas que daba miedo, (entonces no había autopista, ni móviles para avisar a alguien), sin una sola casa en las proximidades de la carretera, ¡estaba perdida! Pasaron varios coches, incluso taxis, y no paro ninguno. No sabia que hacer. A la desesperada, levante el capó trasero del 600 (donde estaba el motor) y me acordé del chiclé aunque entonces no recordaba cual de los “tornillos” era el correcto. Ajuste un poco los que creí que podían ser, sequé un poco la tapa del delco y “alrededores” y ¡acerté! Con el coche ya en marcha, no solté el pie del acelerador hasta Coruña. Eso sí, mientras estuve fuera del coche cogí una buena mojadura y por ello pague quedando los dos días siguientes en cama con anginas.
Hoy es otra cosa, si el coche se para o no arranca se llama con el móvil al seguro y te envían una grúa y un mecánico. Ahora ya no solo no tengo nociones de nada sino que me he vuelto despistada y os voy a contar la última sin que se entere nadie porque me echan del seguro. Hace poco, un domingo por la tarde estaba a unos kilómetros de Coruña, sola y haciendo unas fotos marineras en zona costera y cuando volví al coche no conseguí arrancarlo, calculé que era de la batería pues hacia ya varios días que me estaba fallando al intentar poner el coche en marcha. Como no había por allí ningún coche del que tomar la carga, llamé al seguro, vino la grúa y ¡nada! La batería no cargaba, así que subieron el coche en la grúa y como era una zona sin autobús, hacia frió y estaba anocheciendo, por no esperar ni pedir un taxi, también yo me vine a Coruña en la cabina de la grúa hasta cerca de mi casa, quedando en que al día siguiente llevarían el coche a mi taller habitual. Cuando recogí el coche, con una nueva batería instalada, el encargado del taller me hizo saber que al de la grúa no le había sido efectiva la operación de carga de batería, porque yo tenía desconectado el encendido…. ¿…? ¡Que vergüenza!... Tengo un interruptor escondido para impedir el encendido del coche y que a veces, muy raramente, utilizo cuando aparco en un sitio que no me ofrece mucha seguridad. ¡Ese día me había olvidado que yo misma había quitado el contacto! ¡¡¡Que apuro!!!, ¡¡¡Que no se entere nadie!!!
La Coruña. Paseo de La Marina. Una mañana de domingo
Podéis observar que al lado hay aparcado un Mini y enfrente hay otros dos 600. Eran los coches utilitarios de la época.
Continuará...
(Segunda parte: Primeros kilómetros y primeros viajes)
__________________________________
(Segunda parte: Primeros kilómetros y primeros viajes)
__________________________________
Enlace a la segunda parte
http://www.jubiladajubilosa.com/2008/02/seat-600-que-tiempos-que-recuerdos.html
Por favor, si tomáis alguna foto de este post, os agradezco que pongáis un enlace o cita como referencia, ¡gracias!
















































