Riquísimo chocolate con churros.
Las mejores patatas fritas.
No puedo negar que soy "larpeira" y que entre "mis vicios confesables" se encuentra el de tomar de vez en cuando, sobre todo en los fríos días de invierno, un buen chocolate con churros en cualquiera de las múltiples locales que Bonilla tiene en la ciudad coruñesa. Hay uno muy cerca de mi casa y me resulta fácil caer en la tentación, aunque soy sincera, tomo una taza pequeña y me limito a dos churros, como podéis ver en la foto que encabeza esa página, hecha hace un par de días en la churrería.
Siento una enorme simpatía por esta firma porque su historia acompaña la mía propia desde mi infancia.
La historia de "Bonilla a la vista" empieza en 1932 en la ciudad departamental de Ferrol, donde yo nací unos cuantos años después.
Al principio, la familia Bonilla se dedicaba a recorrer ambientes festivos y de verano, con unas instalaciones portátiles, para servir chocolate con churros y patatas fritas. Desde sus comienzos, los productos utilizados y su elaboración, destacaron por la calidad, adquiriendo fama y prestigio allí donde se instalaban. Así me lo contaron mis padres.
Conocí a la familia Bonilla cuando era una niña y vivíamos en El Muelle ferrolano. Ellos tenían entonces una cafetería muy bonita y concurrida en los bajos de un edificio en el que tenian su domicilio y que era también hotel. Jugando en los jardines existentes en el puerto conocí a las hijas de Salvador Bonilla, Mary Carmen y Blanca, que eran de mi edad. A su hermano mayor, Cesar, actual propietario de la empresa familiar, que comparte con sus hijos, no tuve ocasión de tratarlo. Con Mary Carmen y Blanca tuve relación, nos prestábamos cuentos para leer y tengo ido a jugar a su casa en ocasiones, donde también conocí a su madre, una señora muy agradable y acogedora.
Sin embargo nuestra relación duró poco tiempo porque se vinieron a vivir a Coruña, al poco de iniciar su padre un nuevo negocio en 1949. Nuestras vidas tomaron rumbos distintos y no hemos vuelto a vernos.
En 1973, cuando yo vine a vivir a Coruña, ellas ya no estaban aquí.
La firma Bonilla, llegó a Coruña, precedida de fama y prestigio, instalándose primero en la Calle Orzán. Pronto, el hijo mayor, Cesar, empezó a trabajar con ahínco, contribuyendo al crecimiento de la empresa familiar. Haciendo uso de una bicicleta adaptada, primero, y de una moto "Guzzi" después, se encargaba del reparto de latas de patatas fritas a otros establecimientos que las solicitaban para servir aperitivos, lo que contribuía a la difusión de sus productos.
"Bonilla a la vista" tuvo un feliz desarrollo en la ciudad herculina. En 1958, se inauguró, un nuevo salón de chocolate con churros, en la Calle Galera, zona céntrica de comercio y tapeo. El local es hoy el más antiguo. (Estaba cerrado cuando hice la foto).
A la misma altura, y en la paralela Calle Real, principal arteria comercial que une la zona del Obelisco con la Plaza de Maria Pita, tienen otra chocolatería, en la que durante muchos años, he tomado cada mañana mi chocolate con churros, haciendo un inciso en mi jornada laboral. Hace poco han actualizado la decoración del local y es aquí donde he tomado anteayer el chocolate e hice fotos, aprovechando que iban a cerrar y ya no molestaba con ello a ningún cliente.

En una ocasión, hace bastantes años, en que visité a mi hermana en Palma de Mallorca, le llevé una lata de patatas fritas, de medio kilo, y le hizo mucha ilusión, sobre todo por el recuerdo que le suponía ver en el envase el logo de la firma "Bonilla a la vista", con la silueta del velero, vinculada a la época ferrolana de Salvador Bonilla, que como nosotras había vivido en El Muelle, y cuya historia conocía. En su época del servicio militar como marinero, llegaba hasta el barco de la Armada, en el que tenía que embarcar, en mitad de la ría, a bordo de un bote de vela y al divisarlo sus compañeros exclamaban: "¡Bonilla a la vista!" para dar cuenta de su llegada. De ahí el nombre de la firma y su entrañable logo.
Cesar Bonilla (15. 10. 2015)
Amablemente, Cesar, me permitió fotografiarlo delante de su antigua foto montando la bici de reparto, y de la "Guzzi", que hoy luce lustrosa, como un reliquia, en la sala de exposición de productos y recepción de visitas, de la fábrica. ¡Gracias Cesar!
Esde agradecer que haya personas tan trabajadoras y emprendedoras, además de agradables, como lo han sido sus padres y como lo son sus descendientes.
* * *
Más información, en esta web:
http://www.bonillaalavista.com/































