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Plaza de María Pita. Coruña

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11 de febrero de 2008

SEAT 600. ¡Que Tiempos! ¡Que recuerdos!... (Segunda parte)

Mis primeros kilómetros


Mi estreno de carretera fue, a los dos días de tener el carné, para ir de Vitoria a Burgos, acompañada por unos amigos que me escoltaban en otro coche (necesitaba entrenarme porque a la semana siguiente me venia a Ferrol para pasar con mis padres las vacaciones de verano. El coche que me escoltaba tuvo que tocar el claxon varias veces y pararme para advertirme de que corría demasiado. Yo no veía peligro ninguno en hacerlo así. No se me ocurría pensar que 120 Km/h para un 600, para una conductora novata y para el tráfico de una carretera nacional era demasiado. Para mi aquella carretera era magnifica, largas rectas, buen asfaltado y el coche cogía velocidad sin que yo lo pretendiera. Pero tampoco se me ocurría reducir, jaja…
 
Con nueve días de carné, me vine a Ferrol, desde Vitoria, haciendo yo solita los casi 700 Kms de entonces, sorteando el entonces horrible puerto de Piedrafita, con una carretera estrecha y malísima, llena de curvas muy cerradas, que por aquella época no tenia ni túneles ni viaductos para salvar los accidentes geográficos. Por el puerto más que coches transitaban camiones de transporte, de los que, eso sí, sus conductores me saludaban tocando el claxon, apartándose y reduciendo la velocidad para que pudiera pasar mas fácilmente, luego me decían adiós con la mano, yo agradecida tocaba también el claxon; no los saludaba con la mano porque por el momento no me atrevía a soltar ninguna del volante. ¡Eran otros tiempos! ¡Era novedad mi "600" azul por los puertos de montaña entre amables camioneros que debían de verme como a una hormiga motorizada!


Una barbaridad que recuerdo, relacionada con mi ignorancia y mi falta de experiencia al volante, era que las ruedas del coche me “cantaban” por algunas curvas de Piedrafita y yo estaba encantada creyéndome una Fittipaldi, por aquello de que a los coches de carreras también les chirriaban las ruedas en las competiciones. Entendía que aquello significaba conseguir buena velocidad al mismo tiempo que mantener el coche retenido, ¡que disparate! ¡Dios mío, y no me paso nada! ¿De donde me habría venido semejante idea?

Una vez que estuve en Ferrol surgió un pequeño problemilla. Había aprendido a conducir sin usar las cuestas para nada pues en Vitoria por donde yo hacia prácticas era todo llano. Y justo la calle de la casa de mis padres en Ferrol, como otras muchas de la ciudad, tenia una empinada cuesta lo que hacia que yo sudase tinta para aparcar y desaparcar sin tocar a los coches que tenia delante y detrás. Un día en una de las cuestas de la ciudad, estaba aparcada cuesta abajo y al soltar el freno para salir monté el bordillo de un jardín y “bese” un árbol con el morro del coche, quedando plantada en medio del césped. No paso nada porque fue suavecito, ya que no había apenas distancia entre el estacionamiento y el árbol. Los transeúntes se partían de la risa y yo colorada, jajá…

Idas y venidas Ferrol-Vitoria



Trayecto Ferrol-Vitoria utilizando parte del "camino de Santiago" en la provincia de León (línea verde).
Marcada en rojo la variante desde Benavente hasta Burgos pasando por Palencia.

También en rojo la alternativa de la costa, por Gijón y Santander.



En cada período de vacaciones cuando venía a Ferrol a la casa de mis padres, hacia el recorrido por provincias del interior, generalmente eligiendo entre Astorga y Burgos, el “camino de Santiago”, que resultaba ser el trayecto más corto en kilómetros, y en invierno, si las carreteras estaban heladas ( eras frecuente por los pueblos cerca de Sahagún), lo hacia por Benavente y Palencia, que era mejor carretera y además elegía el parador de La Bañeza para comer, que entonces era escuela de hostelería y se comía estupendamente. Otras veces comía donde lo hacían los camioneros y luego me iba a tomar café al parador de Benavente, descansando un rato en sus magníficos salones, alternando lo popular con lo selecto. En invierno, que siempre se me hacia noche cuando venia a Ferrol, dormía en el parador de Villafranca del Bierzo a la entrada de Galicia. Entonces resultaba un viaje interminable atravesar el largo puerto de Piedrafita y hacer las carreteras gallegas, siempre en obras , llenas de curvas, estrechas…sin poder pasar de 40 kms a la hora…El viaje en sentido inverso, Ferrol –Vitoria, lo hacia de un tirón, porque el peor tramo, Galicia, lo recorría por la mañana y luego era coser y cantar.


Los regresos después de Navidades, desde Ferrol a Vitoria, si había riesgo de nevadas, lo hacia por la costa para evitar el uso de cadenas (no creo que supiese ponerlas) por la nieve y heladas del puerto de Piedrafita. En Villalba (Lugo) cogía la carretera en dirección a Gijón, donde quedaba a dormir, y luego seguía por Santander y la provincia de Vizcaya hasta llegar a Vitoria.


Recordar estos viajes ahora me parecen de auténtica aventura, sobre todo una vez, un mes de enero, que para evitar Piedrafita se me ocurrió internarme entre los limites de las provincias de Lugo y Orense y recuerdo que estuve haciendo kilómetros y kilómetros por los montes, en la más absoluta soledad, que se me hizo noche en ese inhóspito paisaje y que de pronto “patine” por el hielo ¿…? ¡Ni lo había visto!, por suerte no hubo consecuencias pero no por mi pericia sino porque debía de andar por allí San Cristóbal. A continuación me vi. envuelta en una niebla espesa y tuve que conducir unos cuantos kilómetros con la puerta abierta del coche para ver la raya de la carretera y no salirme de la calzada, todo a 20 por hora. No quería parar solo quería llegar a algún sitio civilizado. ¡Suerte que no me alcanzó ni arrolló ningún otro coche! Al final de un trayecto angustioso vi un hotel que ponía “El Temple” ¡había llegado a Ponferrada! y allí me quede a pasar la noche. De aquella no había ni móvil, ni GPS, ni nada de nada. Ahora hay otras carreteras, túneles para evitar los puertos, viaductos para salvar los valles… ¡es otra cosa! Pero ahora que es todo tan estupendo no salgo de los alrededores de Coruña. ¡No me gusta la carretera! Y si tengo que ir a Vigo, a Santiago, etc. prefiero el tren e ir leyendo en el trayecto, ja, ja... No tengo miedo de mi conducción, tengo miedo de la de los demás ¡Y con la velocidad que llevan!...

Me parece increíble haber viajado tanto en "600", sola, y cuando las carreteras eran pésimas.

Durante los cuatro años que viví en Vitoria hice también bastantes kilómetros pues muchos domingos me gustaba recorrer los pueblos vascos, sola o acompañada: Me interesaba conocer las fiestas populares y ver espectáculos tradicionales como el frontón y pelota vasca. También iba mucho a Bilbao,  San Sebastián, Burgos, Pamplona, Logroño, Santander, Valladolid, a visitar a amigas o por razones de trabajo…


El último trayecto Vitoria –Ferrol lo hice cuando finalicé allí mi trabajo, en 1973, y me vine con medio apartamento dentro del "600", (increíble lo que el coche daba de sí, además de la vaca, por supuesto), después de una noche sin dormir celebrando la despedida con mis amigos en la víspera de las fiestas patronales de la Virgen Blanca, el día de la Bajada del Celedón. Cuando llegué a Ferrol y mi padre vio el cargamento que traía se sorprendió de que no me hubiera reventado una rueda. ¡Lo que hace la ignorancia! La mía, claro.


Otros viajes. Portugal


Entusiasmada con “el éxito” de mi primer viaje Vitoria–Ferrol, a la semana siguiente y con quince días de carné, salí de Ferrol, recogí a mi amiga "Picolina" (ya os la presenté en otro post. ver enlace.), en Vigo, y juntas nos fuimos hasta Oporto y Lisboa. ¡Que viaje más maravilloso! Era 1970.

Y por tierras de Portugal, venga de velocidad compitiendo con los maravillosos “carros” de que hacían gala los portugueses. En un puente un tanto estrecho y enrevesado (creo que era a la salida de la ciudad de Viana) pues no era en línea recta, me cruce con dos ciclistas que venían en dirección opuesta, sin darme tiempo a reducir la velocidad inadecuada que yo llevaba para aquel tipo de trazado. No paso nada pero me dio tiempo de ver como varias personas, que circulaban por las aceras del puente, se echaban las manos a la cabeza presagiando un desastre. ¡El coche me llevaba a mí, yo no dominaba el coche! Y no paso nada quizá porque los ciclistas se las ingeniaron para no sucumbir ante mi falta de pericia. ¡Que barbaridad, la alegría con que conducía entonces!

Estábamos llegando a Oporto, cuando dos chicos, conduciendo un "Mini", de fabricación inglesa (se importaban muchos en Portugal por aquella época) empezaron a seguirnos, a adelantarnos, dejarnos pasar…Para ver si los despistábamos nos paramos en un bar de carretera “escondiendo” mi coche detrás de un camión, pero fue inútil. Al poco entraron en el bar y ¡bla, bla, bla…! Total que esa noche cenamos con ellos en un precioso restaurante de Oporto, recién inaugurado, en el puerto, que se llamaba Doca, número ¿…? (no recuerdo). Hicimos amistad, nos enseñaron sitios preciosos de la ciudad, clubes privados, etc. La amistad duro un tiempo, y ellos vinieron luego a Galicia A veces nos encontrábamos en Valença, la frontera…












Con mi amigo portugués, en la frontera, contemplando el río Miño, al final de una tarde con poca luz.

Después de tres días en Oporto, continuamos hasta Lisboa y Cascáis. Y yo tan feliz conduciendo por todas partes. Me asombra recordarlo porque ahora soy incapaz de ir a las grandes ciudades en coche conduciendo yo. La verdad es que entonces el tráfico era asequible por todas partes y el resto de conductores nos trataba con mucha amabilidad al ver a dos españolas jóvenes en un 600. En todo ese viaje no encontramos a una sola mujer conduciendo.



Panorámica de la bella Lisboa




Delante de Los Jerónimos, con mi amiga Picolina

Torre de Belem





No bien llegué a Ferrol, de regreso de mi aventura portuguesa,  mi cuñada (entonces soltera) me comentó que el barco en el que navegaba mi hermano llegaría a Oporto en un par de días. No lo pensé dos veces ¡Otra vez a Oporto! Claro, entonces yo acababa de dejar allí a un encantador amigo portugués, un amigo que cuando lo conocí el tenía ya dispuesto emigrar a Brasil y del que no volví a saber. Ahora me ha gustado recordarlo, ¡era un hombre muy tierno! Para entonces  tenía ya también yo muchos y nuevos amigos en Vitoria.


Otros viajes en mi "600", acompañada de mi madre.

El primero, en 1972.  En unas vacaciones de verano, mi madre fue  a visitarme a Vitoria ( a mi padre no les gustaba viajar y siempre optaba por quedar en casa) para luego regresamos juntas a Ferrol, haciendo un recorrido turístico todo por la Costa Cantábrica, quedándonos a dormir en Santander, y otro día en el parador de Santillana del Mar, desde donde fuimos a visitar las Cuevas de Altamira. Estuvimos en Oviedo y Gijón. Parándonos por todas las playas de las Rías Altas Gallegas, para darnos un baño y tomar el sol. Ahora me gusta recordar lo felicísima que fue mi madre en ese viaje, disfrutando de todo.



Vitoria. Parque de La Florida


Playa de La Concha en San Sebastian, desde el Monte Igueldo







En Santillana del Mar.
Hermosísimo pueblo que supongo estará muy cambiado en la actualidad.
Entonces era normal ver carros tirados por bueyes o vacas, por sus empedradas calles de preciosas casas blasonadas.
A la derecha el parador de turismo donde nos alojamos.









Playa de Gijón, ciudad en la que  viví cuando tenía  meses y donde aprendí a dar mis primeros pasos










La espectacular Santa María del Naranco, en Oviedo, y declarada patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.

Por fotos que he visto, hoy se encuentra totalmente
restaurada luciendo, más si cabe, su singular belleza.







También nos recreamos recorriendo pueblos y paisajes de Galicia. No dejamos ni un faro, cabo, ni ría, de las Costa Lucense y de la Costa Norte Coruñesa, sin visitar.


Ría de El Barquero, vista camino del cabo de Estaca de Bares.


Vista de la playa de Vicedo, camino de Estaca de Bares.

Esta preciosa costa, como toda la costa lucense, está ahora amenazada por las urbanizaciones. Quiero recordarla así.



El segundo viaje  fue en 1973, también me acompañó mi madre.

Recién instalada yo en Coruña, por cambio de trabajo, y durante  unas cortas vacaciones de septiembre, recorrimos toda la Costa del Mar Ártabro hasta Finisterre, parándonos en todos los pueblecitos: Cayón, Muxia, Ponteceso, Camariñas, Finisterre, comiendo y durmiendo en casas rurales (entonces sin esta denominación, sencillas casas de marineros o de gente del campo) visitando todas las ermitas y faros que veíamos señaladas, visitando hórreos y cruceros… Solas por todas partes, sin vestigios de turistas, todo a precios baratísimos, degustando un marisco excelente… ¡que viaje más inolvidable! ¡Esa Galicia ya no existe!


Bueno con el "600" hice muchos viajes durante 20 años (1970-1990), pero sobre todo al principio, explorando y aventurándome por todo tipo de carreteras y descubriendo lugares desconocidos para mí, sobre todo del medio rural, que hasta entonces me habían sido inaccesibles.


Al final, regalé mi querido "600" azul, al hijo de una prima… ¡Eche de menos durante mucho tiempo aquel estupendo utilitario, fuerte y resistente, que me llevo a tantos sitios y que nunca me dejo tirada!

Estos días ando mirando fotos, recordando… Eso es porque ya me hecho muy mayor.

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Enlace a la Primera Parte de este post sobre mi experiencia con el Seat 600. 

http://www.jubiladajubilosa.com/2008/02/seat-600-aquellos-novedosos-utilitarios.html   



7 de febrero de 2008

SEAT 600 ¡Aquellos "novedosos" utilitarios! (Primera parte)


¡QUE TIEMPOS! ¡QUE RECUERDOS!...







En Coruña,.
El coche en estas fotos tenía ya más de 10 años.
Y yo había cumplido los 40 y...





Coche, carné de conducir y nociones de mecánica.




Estoy días estoy repasando papeles, fotos, agendas, etc. y no he podido evitar dar con viejos y queridos recuerdos de unos tiempos que empiezan a quedar lejanos aunque no por eso se desvanecen en mi memoria.


Hoy os traigo antiguas fotos mías con mi inseparable SEAT 600 D, de color azul, que tuve durante algo más de 20 años y que al fin deje, no sin pena, porque me resultaba pequeño para ciertos viajes cuando precisaba ir acompañada y con equipaje.


Empezaré las aventuras de mi coche por el principio. El propietario inicial del SEAT fue mi hermano Andrés, marino mercante, quien lo había comprado para disfrutarlo durante unas vacaciones, pero cuando tuvo que volver a embarcar teniendo en cuenta que iba a hacer rutas por América y que quizá tardase casi un año en regresar, optó por vendérmelo a mi, prácticamente nuevo, aunque yo entonces no tenía el carné de conducir. Como por aquella época justo acababa de irme a vivir y trabajar a Vitoria Gastéiz, el coche lo llevamos para allá, en un viaje al que me acompañaron mi hermana y mi cuñado, conduciendo éste, el cual ya me fue dando clases prácticas por tierras castellanas de Palencia, una vez que dejamos la nacional VI, después de Benavente. Entonces las carreteras estaban despejadas y pude hacer unos kilómetros de incipientes prácticas de volante y marchas sin riesgo alguno ni para mí ni para el prójimo.


Una vez en Vitoria el coche quedó en un garaje mientras yo me preparaba para examinarme de conducir en una conocida academia alavesa, llamada auto- escuela Zaldivar, que creo aún existe. Las prácticas las hacia por el centro de la Ciudad, donde residía, pasando por Postas, Dato, Canciller Ayala, Manuel Iradier, Florida, y luego paralelamente por el parque de este nombre, hasta San Prudencio, una zona sin casas por aquellos años…Entonces era fácil ir por el centro de la ciudad, hoy calculo que la mayoría de esas calles serán peatonales. Tuve un estupendo profesor de conducir que me enseñó muy bien, y un consejo que siempre seguí ha sido el de mirar con frecuencia por el espejo retrovisor, calcular la distancia de los coches que vienen detrás y facilitarles la maniobra de adelantamiento para no entorpecer a los demás conductores.

El teórico lo aprobé fácilmente y el práctico lo suspendí por un alarde de “chulería” ante el guapo soltero que me examinaba, al que quería impresionar, cuando me indicaron hacer una maniobra de aparcamiento marcha atrás. Lo hacia tan bien en las prácticas que confiada en mi destreza, lo quise hacer muy rápidamente y ¡zás!, tiré los palos que fijaban los limites del estacionamiento. Luego avergonzada y perdida la confianza en mi misma, suspendí dos veces más las prácticas. Así que tuve que volver a examinarme del teórico y del práctico, pero como se me aproximaban las vacaciones y necesitaba venir a Galicia con mi coche, puse los cinco sentidos, y un tanto de humildad y calma, ante el soltero "guaperas", y aprobé. Era el año 1970.


Para rematar el aprendizaje, hice también un sencillo cursillo de mecánica y mantenimiento del coche, muy elemental, en la misma auto-escuela: cambiar ruedas, limpiar y cambiar bujías, tapa del delco, ajustar el ralentí del motor con el chiclé, mirar los niveles, cambiar las luces, cargar la batería, etc. etc. ¡si ahora lo pienso me da risa!, jajá…Hoy en día, aunque sepa teóricamente como cambiar una rueda no podría hacerlo porque ya no tengo fuerza ni para abrir un bote de mermelada. ¡Menos mal que si se teclear el móvil para pedir ayuda!, jajá…


Autoescuela Zalvidar, en Vitoria, Alava. 1970
En clase de mecánica, con otros alumnos descubriendo las "tripas" al coche.


Averías y despistes.

En el primer año tuve dos o tres pinchazos de ruedas yendo de Vitoria a Pamplona pero no tuve que aplicar los conocimientos porque en aquella época el ir una chica sola en coche por la carretera era una novedad. No bien salía del coche y hacía ademán de coger las herramientas ya frenaban a mi lado varios coches, cuyos conductores se disputaban la gloria de ser mi “héroe salvador”.

Como digo, eran otros tiempos porque pasados unos años y ya viviendo en Galicia, una noche de sábado, lluviosa y fría, que regresaba desde Santiago a Coruña, el coche se me paró, a más de la mitad de camino, en una zona boscosa y de curvas que daba miedo, (entonces no había autopista, ni móviles para avisar a alguien), sin una sola casa en las proximidades de la carretera, ¡estaba perdida! Pasaron varios coches, incluso taxis, y no paro ninguno. No sabia que hacer. A la desesperada, levante el capó trasero del 600 (donde estaba el motor) y me acordé del chiclé aunque entonces no recordaba cual de los “tornillos” era el correcto. Ajuste un poco los que creí que podían ser, sequé un poco la tapa del delco y “alrededores” y ¡acerté! Con el coche ya en marcha, no solté el pie del acelerador hasta Coruña. Eso sí, mientras estuve fuera del coche cogí una buena mojadura y por ello pague quedando los dos días siguientes en cama con anginas.


Hoy es otra cosa, si el coche se para o no arranca se llama con el móvil al seguro y te envían una grúa y un mecánico. Ahora ya no solo no tengo nociones de nada sino que me he vuelto despistada y os voy a contar la última sin que se entere nadie porque me echan del seguro. Hace poco, un domingo por la tarde estaba a unos kilómetros de Coruña, sola y haciendo unas fotos marineras en zona costera y cuando volví al coche no conseguí arrancarlo, calculé que era de la batería pues hacia ya varios días que me estaba fallando al intentar poner el coche en marcha. Como no había por allí ningún coche del que tomar la carga, llamé al seguro, vino la grúa y ¡nada! La batería no cargaba, así que subieron el coche en la grúa y como era una zona sin autobús, hacia frió y estaba anocheciendo, por no esperar ni pedir un taxi, también yo me vine a Coruña en la cabina de la grúa hasta cerca de mi casa, quedando en que al día siguiente llevarían el coche a mi taller habitual. Cuando recogí el coche, con una nueva batería instalada, el encargado del taller me hizo saber que al de la grúa no le había sido efectiva la operación de carga de batería, porque yo tenía desconectado el encendido…. ¿…? ¡Que vergüenza!... Tengo un interruptor escondido para impedir el encendido del coche y que a veces, muy raramente, utilizo cuando aparco en un sitio que no me ofrece mucha seguridad. ¡Ese día me había olvidado que yo misma había quitado el contacto! ¡¡¡Que apuro!!!, ¡¡¡Que no se entere nadie!!!



En el aeropuerto de Alvedro en Coruña, esperando a un amigo



La Coruña. Paseo de La Marina. Una mañana de domingo

Podéis observar que al lado hay aparcado un Mini y enfrente hay otros dos 600. Eran los coches utilitarios de la época.

Continuará...

(Segunda parte: Primeros kilómetros y primeros viajes)

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Enlace a la segunda parte

http://www.jubiladajubilosa.com/2008/02/seat-600-que-tiempos-que-recuerdos.html


Por favor, si tomáis alguna foto de este post, os agradezco que pongáis un enlace o cita como referencia, ¡gracias!


22 de enero de 2008

DEL AMOR Y LA TERNURA ...



CUANDO FLORECEN LAS MIMOSAS...


Cuando florecen las mimosas...



El día 15 de este mes falleció mi madre, después de haber celebrado con ella, el día primero, la entrada del Nuevo Año 2008, en el que me obsequió con sus sonrisas. Fue la última vez que la vi bien, relativamente, dentro de las limitaciones y progreso de su devastadora enfermedad, un avanzado Alzheimer.

Como si se tratase de un gesto más de su bondad, los últimos días de su vida fueron para mí un regalo, una propina para las Navidades y para mi cumpleaños, el día de Reyes. La gravedad empezó el día 8, que la trasladaron a la enfermería de la residencia en la que se encontraba, y a la semana de estar allí, se fue silenciosamente, suavemente, sin dolor, cogida de mi mano y recibiendo mis besos y todas las palabras que me inspiraron el amor y la ternura que sentía por ella.

Este triste acontecimiento coincidió con unos días de temporal en los que la lluvia resbalaba en los cristales como las lágrimas lo hicieron por mis mejillas, pero hubo también algunos claros, y en el jardín de la residencia, habían florecido las mimosas. Quizás la Virgen de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero, fecha en la que habitualmente las mimosas están en su esplendor, quiso adelantar la floración para suavizar con su brillante colorido la negrura de la tempestad. Hasta una preciosísima abubilla, que jamás había visto antes en toda mi vida, se paseo tranquilamente por el jardín, delante de su habitación.

Igualmente en el drama del dolor real siempre hay algo que suaviza la escena, algo en lo que apoyarse: el amor y la ternura.


Un trabajo con valor añadido.

Hay cosas que deben decirse y escribirse, porque deben saberse.


En la Residencia de Asistidos de la Tercera Edad de Oleiros, de titularidad pública, en la que estaba ingresada mi madre, pude comprobar, durante el tiempo que permaneció en ella, sobre todo en el tiempo en que la acompañé en la enfermería, la profesionalidad, la dedicación y la entrega, que todo el personal del centro pone en su labor  y que no es otra que la de asistir y cuidar a las personas mayores dependientes y enfermas. Todos, los médicos, los terapeutas de rehabilitación, el personal de enfermería, los gerocultores, los trabajadores sociales, los recepcionistas, el personal de servicios y de mantenimiento… ¡todos! No solo realizan bien su trabajo de cara a las personas mayores, a los residentes y enfermos, sino que también procuran que sus familiares, cuando acudimos a visitarlos, nos encontremos cómodos, apoyados siempre, pero sobre todo reconforta dos en los momentos críticos de incertidumbre y de dolor... Todo han sido gestos y palabras amables, incluido el calor de abrazos en los momentos más difíciles...Y esto ya no es solo el trabajo bien hecho de unos profesionales, sino que se trata de un trabajo con valor añadido, un incalculable valor, el valor impagable de lo cualitativamente humano, del toque de amor y de ternura de quien sabe hacer de su profesión y su trabajo un auténtico servicio a los demás.

Lo mismo que el color de las mimosas llena de luz el gris plomizo de una tarde de invierno, el calor humano de los que trabajan combatiendo la enfermedad y acompañando en la muerte, son un bálsamo para el dolor del que abandona esta vida y un inestimable apoyo de solidaridad para el que sufre la pérdida de un ser querido.

Mil veces gracias por el amor y la ternura que mi madre y yo hemos recibido en esa Residencia. Mis flores son para ellos, para todo el personal que allí trabaja.





14 de enero de 2008

DESEOS DE AMOR


Esta página se la dedico a mi amiga Mari Carmen, “Picolina”.



Mari Carmen y yo en la actualidad















En nuestra época de estudiantes



“Picolina”:

Mari Carmen era mi compañera de estudios en Santiago de Compostela y también compañera de habitación en la residencia en que nos alojábamos. Desde entonces han pasado más de cuarenta años pero hemos conservado siempre la relación y amistad aunque no nos vemos con la frecuencia que nos gustaría. Ella vive en Vigo, está felizmente casada con José Luís, un apasionado del mar, y son padres de dos estupendas hijas: Mar y Estela.

El nombre de “Picolina”, “Picoli”, se lo pusimos las compañeras de estudios y residencia, con cariñosa ironía, porque precisamente no tenia nada de picolina, pequeña, porque era justo lo contrario, altísima para nuestra generación.

Os he presentado a esta amiga porque ella es la causante de este post. ¿Por que? Porque "Picoli" siempre conservó (yo lo extravié) un escrito titulado "¡VEN!" que, en el inciso de una tarde lluviosa que estábamos estudiando, yo improvisé, en un momento de inspiración o acaso anhelo, melancolía, inquietudes de futuro, ansias de amor… ¡No sé!


Hace poco, y en una visita que "Picoli" me hizo en Coruña, me trajo el escrito que ella ha conservado y leído muchas veces porque dice que siempre le gustó mucho, y este es el motivo de que hoy lo incluya en el post.

“¡VEN!” pertenece a mi época de juventud y me permite recordar ahora  sentimientos de entonces. Lo que no recuerdo del mismo modo es en quien estaría yo pensando cuando lo escribí. Posiblemente en nadie concreto, quizá tan solo fuesen deseos de amor, sin más.

Esto es lo que 
escribí una tarde de invierno en Santiago, cumplidos ya los veinte años, quizás soñando  con el amor.




Atardecer en Playa América, Nigrán.

(Foto hecha en casa de Mari Carmen, en esa época)


Resulta curioso encontrarse con el pasado romántico de la juventud, en nuestros viejos escritos. Y también con esos miedos...

¿Conserváis también vosotros "papeles", cartas, notas, diarios, de entonces? ¿Os reconocéis en lo que escribíais?


5 de enero de 2008

NEW ORLEÁNS JAZZ BAND. Woody Allen.






WOODY ALLEN
Y LA NEW ORLEÁNS JAZZ BAND

El poder mediático de Woody Allen

Woody clarinetista




Sabéis que me gusta el jazz porque ya puse varios posts sobre este tipo de música. Bien, pues uno de los conciertos extraordinarios que nos brindó la Fundación Pedro Barrié de la Maza, ha sido el denominado “Concierto de Reyes: Woody Allen and his New Orleáns Jazz Band”, que se celebró el pasado día 3 del recién inaugurado Año 2008, en el Palacio de la Opera de Coruña.


Los prolegómenos del concierto. Conseguir una invitación


Estos conciertos que organiza la citada Fundación son gratuitos pero tienen el inconveniente de que el día que se dan las entradas (generalmente la víspera, a las 8 de la tarde), la gente hace colas con muchas horas de antelación cuando el concierto promete calidad o atractivo. Yo podría estar tres horas o cuatro a lo sumo en la cola pero no más. Los dos conciertos anteriores, uno de Caetano Veloso y otro de Ornette Coleman (en los que tenia yo mucho interés) me quede sin ir por no llegar a la cola con la antelación adecuada (¡una exageración!). Para este concierto ya había desistido de hacerme con la entrada porque sabía que el solo nombre de Woody Allen, aunque no guste el jazz, iba a atraer mucho público por el poder mediático que despierta el original neoyorkino, y no como músico precisamente sino fundamentalmente como cineasta. Hay muchas personas que quieren ver a Woody Allen, no escuchar jazz. Esto lo reconoce y ha declarado así el propio Allen.


Mi interés en esta ocasión era escuchar la New Orleáns Jazz Band y disfrutar del estilo y los ritmos del jazz/dixieland, hot jazz, clásico jazz de New Orleáns… y, por supuesto, escuchar también, como novedad y curiosidad, a Woody Allen, al que admiro a través del celuloide. Su faceta como escritor no la conozco (no he leído aún ningún libro suyo) pero a juzgar por los diálogos y argumentos de sus películas supongo que será interesante.


Había desistido de ir al concierto por no poder estar horas y horas en la cola, que se formó la víspera, desde las 8 de la mañana (12 horas antes de que se distribuyeran las localidades) y de la que os pongo unas fotos ilustrativas y anecdóticas, cuando una amiga con la que contacté me ofreció una invitación. Para mi ha sido un auténtico regalo de Reyes.


Delante de la Fundación, se inicia la cola desde primeras horas de la mañana


Un grupo de jóvenes organizados comodamente que se lo toman con humor













Son las 15,30 de la tarde. Jóvenes sentados delante de las entidades bancarias de la zona.  Llevar sillas, un termo con café, el ordenador, sirve para pasar el tiempo.


El concierto.



El Palacio de la Opera, con un aforo de más de 1,700 localidades, estaba a rebosar. Mi entrada era estupenda, en la segunda fila de butaca y bastante centrada. Al llegar me sorprendió una nube de fotógrafos de prensa, pero por supuesto no era por mi, jajá, sino por las “fuerzas vivas” coruñesas, políticas y económicas, que se estaban acomodando en una zona próxima.

La entrada de los músicos y de Woody Allen en el escenario fue acogida con grandes aplausos. Woody se acercó al micrófono y nos invito a relajarnos y disponernos a disfrutar de un rato de entretenimiento, y sin más, Woody y la banda empezaron a impartir el son alegre y rítmico del jazz/dixieland que caracteriza el llamado estilo de New Orleáns, o jazz clásico, propio de los años veinte. (El dixieland es fruto de la influencia de los blancos y criollos, agilizando los tiempos y desarrollando más las improvisaciones, a la vez que las estructuras tienen una menor influencia africana)


Woody Allen y la New Orleáns Jazz Band en pleno concierto

Este estilo de jazz, al que se ajustó perfectamente el concierto, se encuadra en el llamado también jazz hot (caliente) o jazz anterior a los años treinta, siendo una versión elemental del mismo y que consiste en tomar un tema principal y sobre él hacer largas variaciones melódicas, con tiempos no demasiado rápidos sino más bien medios o lentos.

El repertorio hizo referencia, al igual que en el jazz estilo New Orleáns, a marchas, espirituales, variaciones de blues y otros cantos de origen populares de la población negra… Las tres líneas melódicas básicas, y de acuerdo con este estilo de jazz, fueron interpretadas por Simón Wettenhall, trompeta, Jerry Zigmont, trombón y Woody Allen, clarinete. El acompañamiento rítmico lo formaban Eddy Davis, (director musical de la banda) con el banjo, Conal Fowkes, al piano, Gregory Cohen, en el contrabajo y John Gill en la batería. Jerry Zigmont hizo también de voz ocasional, en alguna de las piezas aunque no fue el único. Por ejemplo, Conal Fowkes, cantó, con alegría y sentido del humor, el “Para Vigo me voy”, conocida obra de Lecuona, al final del repertorio, y que el público coreo con entusiasmo.





Woody presenta a los componentes de la banda       








Simon Wettenhall (trompeta)






Jerry Zigmont (trombón)
(y voz ocasional)








Eddy Davis (b
anjo)
Director musical del grupo








Gregory Cohen (contrabajo)











Conal Fowkes (piano)
(cantó con gracia "para Vigo me voy")









John Gill (batería) (también voz ocasional)










El banyista Eddy Davis, estuvo siempre atento a las notas de Woody Allen




En su conjunto, el concierto más que destacar por el virtuosismo instrumental de los interpretes, destacó por un buen hacer muy aceptable, por la armonía y compenetración del grupo, así como por el tono distendido y de camaradería de los componentes de la banda, que parecían estar tocando como un grupo de amigos que lo pasan bien interpretando y en la misma línea que supongo es la habitual cada lunes cuando tocan en el Club Carlyle de la ciudad de New York. El repertorio elegido, del que Woody Allen se encargaba de ir indicando al trompeta que iniciase la melodía correspondiente a cada obra, y el propio jazz clásico, interpretado al más puro estilo de New Orleáns, incluido el agradable sonido del banjo y el uso de sordina en la trompeta y trombón, contribuyeron a que el público disfrutase de dos horas de alegre ritmo.

Woody firmando autógrafos después de finalizar el concierto


Al final, y después de que la banda recibiese calurosas ovaciones de despedida, Woody Allen amablemente respondió al reclamo de unos cuantos fans (de su faceta cinematográfica, supongo) para que les firmase un autógrafo. Cuando presintió que aquello podía “desmadrarse” hizo rápidamente mutis por el foro.

En definitiva ha sido un concierto de jazz, agradable y alegre, con el aliciente de “ver” y "escuchar" a Woody Allen en su papel de clarinetista y miembro de una banda musical. Otra faceta más de este genial actor, director de cine y escritor. Woody sabe disfrutar de sus aficiones y hacer disfrutar a los demás ¡Fue un placer!


Anexo: 7-11-2010

Y por si  interesa,s añado n un video grabado en el Club Carlyle de Nueva York en el que W. Allen suele tocar con la Jazz Band.






1 de enero de 2008

¡ FELIZ 2008 !




Un saludo desde Coruña, "la ciudad en la que nadie es forastero"



Estrenamos un Nuevo Año.


Estoy muy contenta. El ser que más quiero, mi madre, me sigue regalando su presencia. Creí que, debido al agravamiento de su enfermedad, ella no llegaría al 2008, pero los buenos deseos de felicitación que me habéis prodigado todos para este Año, se han cumplido, y gracias a ello hoy he podido seguir prodigándole mis besos, mirarme en sus ojos y decirle que la quiero. Considero un regalo del Año Nuevo su presencia.


Para todos vosotros, para vuestras familias, mis mejores deseos para el 2008.

Recibid todo mi cariño y amistad.



¡¡¡ FELIZ Y BIENVENIDO 2008 !!!