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Plaza de María Pita. Coruña

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9 de junio de 2013

San Sebastián. El "Peine del Viento". Playa de La Concha...


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 "Peine del Viento". Obras del escultor Eduardo Chillida, en Donostia (San Sebastián).






















El viaje

Con un grupo de jubilados de Coruña, socios de UDP (Unión Democrática de Pensionistas), y a principios del pasado mes de mayo,  hice un viaje desde la ciudad herculina hasta Bilbao, después de una parada en Gijón para dar un paseo por la ciudad y comer una estupenda fabada, acompañada de excelente sidra. 
 
Mi motivación para hacer un corto viaje al País Vasco era repasar algunos de los lugares que conocí durante la etapa de mi trabajo en Vitoria (1968--1973), época en la que recorrí  ciudades y pueblos de las tres provincias vascas, aprovechando las posibilidades que me proporcionaba mi utilitario "600" para visitar y conocer sus bellos paisajes y costumbres.

Sobre todo tenía ganas de ver las innovaciones y positiva transformación de la ciudad de Bilbao y conocer su Museo Guggenheim,  así como visitar en Guipuzcoa las obras del escultor Chillida,   pasear por la entrañable para mi ciudad de Vitoria... 

San Sebastián. El "Peine del Viento"

Ubicados en Bilbao, aprovechamos un día para desplazarnos  hasta San Sebastián. Al llegar a la ciudad donostiarra, y sin desanimarnos por la mañana húmeda y con niebla que nos acompañaba, hicimos la primera visita, siguiendo la Playa de Ondarreta hacia la Punta Torrepea, caminando por el Paseo de Eduardo Chillida, hasta alcanzar el enclave en que se sitúan las famosas obras de este magnifico escultor, tituladas "Peine del Viento", realizadas en acero corten, material que permite solventar con ventaja los problemas de corrosión implícitos en un lugar donde el mar y el viento producen una erosión constante. Las esculturas, realizadas en la forja de Patricio Echevarria, en Legazpia, pesan cada una aproximadamente tres toneladas y miden  dos metros de altura.

Para que las obras de Chillida pudieran instalarse  en las rocas, de esta batida zona de la costa donostiarra, fueron  importantes los trabajos de anclaje de las esculturas  realizados por el ingeniero José María Elosegui, al igual que también hay que destacar la colaboración del arquitecto Luis Peña Ganchegui, que diseñó la explanada desde la que se contemplan las esculturas, hecha en granito rosa de Porriño (Galicia), cuyo color armoniza perfectamente con el de las rocas del enclave. La superficie esta provista de unos orificios o bocas que en los días de mar alto y muy batido, actúan a modo de fumarolas, permitiendo que asciendan por ellos chorros del agua salina,  que el viento se encarga de disipar cubriendo, a modo de salitrosa y cristalina niebla, el "Peine del Viento", que  adquiriere  así un especial halo de misteriosa belleza.

Lástima que durante mi visita la marea estaba baja. Me hubiera encantado ver las esculturas "peinando" , entre sus férreas curvas rojizas, la blanca y sutil espuma producida por un batiente oleaje y dispersada  por el viento. 

Sentí también, para completar la visión del "Peine del Viento", no poder visitar, por estar actualmente cerrado al público,  el Museo "Chillida Leku" (Lugar de Chillida), en Hernani, donde sus obras están instaladas entre jardines y bosques, rodeando el caserío Zabalaga, conjunto dispuesto por el propio escultor para  conservar el legado de su obra.

Las obras de Chillida expresan perfectamente, a mi modo de ver,  lo que entiendo por  carácter vasco. Sencillez en la forma y en las maneras,  fuerza y temple en la condición  y materia. Identificación con la tradición y la naturaleza. Orgullo de pertenencia al propio pueblo. Respeto y amor por sus raíces. 

El tiempo que viví  entre los vascos, y siguiendo su ejemplo,  aprendí yo también a amar a mi tierra. Quizás también por tener ascendientes vascos, abuela paterna,  siento algo especial por ese pueblo y esa tierra, que  más que admiración, es sentimiento,  emoción honda e íntima.


San Sebastián, por la mañana, temprano.


Isla de Santa Clara y Monte Urgull desde la Playa de Ondarreta.



Aprovechando que estábamos en la zona de la Playa de Ondarreta, nos dirigimos al mirador de los jardines del  Palacio Real de Miramar,  hoy hermoso y cuidado parque  municipal, para contemplar las vistas de la Ciudad de Donosti, y toda vez que la amenaza de lluvia nos hizo desistir de subir al Monte Igueldo, ya visitado en otras ocasiones,  y desde donde la panorámica es ciertamente excelente.
 Playa de La Concha desde los jardines del Palacio Real de Miramar.
 

Antes de pasear por la Playa de La Concha, y esperando que despejara la niebla al avanzar el día,  nos decidimos a visitar la Parte Vieja de la ciudad, a partir del lugar en que se encuentra el moderno edificio del  Kursaal, a donde nos trasladó y dejó el  autobús. 



Echamos un vistazo a la Playa de Zurriola, y desde allí hice unas fotos, aunque con mala visibilidad,  del Monte Ulia, y del Monte Urgull, que desciende hasta el Paseo de Salamanca, en la desembocadura del río Urumea. Atravesamos luego el transitado  Puente de Zurriola o del Kursaal, y con el Ayuntamiento de fondo, como orientación, nos dirigimos por el Boulevard, hacia las zonas de más encanto y tradición  donostiarra.




                       Playa de Zurriola                            




                     El mar, en la desembocadura del Río Urumea                         


                             















Mercado de la Bretxa


Teatro Victoria Eugenia                                                   


Pasamos por el Teatro Victoria Eugenia y echamos un vistazo al colorista y bien abastecido Mercado de La Bretxa. En la Alameda del Boulevard, fotografío el  quiosco de la música, preciosa joya del modernismo, hecho en hierro forjado y cristales de bellos colores, y encargado en 1906 al famoso artista y arquitecto aragonés Ricardo Magdalena Tabuenca (y no, como erróneamente  creen algunos,  a Gustave Eiffel). Próximos al  Ayuntamiento, tomamos la Calle Mayor  para visitar la Plaza de la Constitución y la Basílica de Santa María, en la que  entramos para  ver  a la Virgen del Coro, patrona de la ciudad.


Quiosco de la Música, en la Alameda del Bulevar

Después de la visita  a la Basílica, tuvimos un tiempo libre hasta la hora de comer. Me dí prisa antes de que cerrara, para visitar la singular iglesia de San Vicente, en la que se conjugan diversos estilos,  y que guarda vestigios de sus antiguas funciones defensivas.

Museo de San Telmo. 

Muy próximo a la iglesia de San Vicente, se encuentra este interesante museo, ubicado en lo que fue antigua fundación monacal dominica, hoy  propiedad municipal, y que en su día se erigió  gracias a sus fundadores  Alonso de Iidiáquez y Yurramendi, secretario del emperador Carlos V, y su esposa  Gracia de Olazábal.





En este Museo, del que no tenía referencias previas,  me llevé algunas sorpresas, como la de su luminoso claustro, la rica colección de lápidas funerarias, y las interesantes pinturas murales  de su capilla mayor, obra del pintor José María Sert, que las empezó en 1928. 





Las pinturas  creo que me impactaron por el ambiente del momento en que las vi, con la capilla  a oscuras, un andamio en el centro (por motivo de unas reformas que se están llevando a cabo) y unos focos que iluminaban solamente  los extraordinarios frescos, en los que predominan, casi en exclusiva, colores ocres, marrones y dorados. Todo estaba en  silencio, con la única presencia de un técnico, subido al andamio, y una pareja que compartió conmigo asiento en un banco. Se escuchaba música religiosa de fondo. Me produjo una sensación especial aquella visión inesperada de belleza, ¡hay momentos mágicos!.

Como no me salieron bien las tres fotos que hice de las pinturas de la capilla, incluyo  una, tomada en Internet, con motivo de un concierto de jazz, celebrado allí, en el que actuó el conjunto noruego Jan-Bang.

Capilla Mayor de San Telmo. Concierto de la Jan Bang. 2011
Foto de Lolo Vasco /Jazzaldía. Publicada en "El Diario Vasco".
                                                                                                                                       
 Museo de San Telmo en el momento de mi visita

 












El claustro










De los placeres del espíritu a los del paladar.

Estar en San Sebastian y no tomar  "pintxos" sería imperdonable. Desde el Museo de San Telmo deshice el camino hacia la Basílica de Santa María, porque me había fijado antes en los muchos bares y restaurantes del entorno. Parándome ante una de las casas más antiguas de la ciudad para hacer unas fotos, fui a dar, por olfato, en el "Gandarias" (al parecer uno de los famosos de la zona). La hora del aperitivo aún no estaba en su apogeo, el ambiente era tranquilo y agradable, me instalé en la barra  y tomé un tinto con un par de pinchos calientes,  ¡buenísimos! 


Después me dirigí por la calle del Puerto en dirección al mar, observando que estaba empezando a animarse el ambiente de chateo, tanto en esta calle como en las transversales.













Vistas desde el puerto

Pasé por delante del  Ayuntamiento y de los Jardines de Alderdi Eder, lleno de árboles tamarices (muchas personas creen que se trata de tamarindos pero no es así, el tamariz es muy diferente), cuyas ramas todavía se encontraban desprovistas de hojas. Dejé la vista de los jardines y del mar para ir hacia la Calle Loiola y llegar a las dos delante de la  gótica Catedral del Buen Pastor (cuya torre me recuerda la de la catedral de Oviedo) para reunirme allí con el grupo del viaje e ir todos juntos a comer.





Ayuntamiento y Jardines de Alderdi Eder


 






Por la tarde. Paseo por la Playa de La Concha

Casa Real de Baños

Después de comer tuvimos tiempo libre  hasta la hora de regresar a Bilbao. Por suerte se había disipado la niebla y lucia el sol, que, aunque no radiante, era suficiente para disfrutar de una agradable temperatura  dar un paseo recibiendo la brisa del mar, además de poder tomar un café en una de las hermosas terrazas que se asoman a esta bella bahía.

Sola, me encaminé en primer lugar hacia la zona donde se emplaza la sede del Club Eguzqui y que fue antigua Casa Real de Baños, construida en 1911 para sustituir a la anterior hecha en madera, y luego el precioso conjunto llamado La Perla, que data de 1912, anteriormente también de madera y dedicado entonces a Casa de Baños o Balneario, uno de los más hermosos del mundo, y convertido hoy en moderno talaso, formando conjunto con un restaurante y cafeterías con terraza.






Cafeterías y terrazas del edificio La Perla en el Paseo de La Concha


Una vez que hube tomado un rico café, me entretuve observando el paisaje y a las personas que  disfrutaban del mar o a las que, como yo, se limitaban a pasear a lo largo de la tradicional barandilla de hierro forjado, tantas veces fotografiada por su belleza y elegancia.

























































San Sebastián. Una ciudad cómoda para usar bicicleta.







Hermosos puentes sobre el río Urumea.















Al fondo, Puente de María Critina







 Puente de Santa Catalina




Puente de Zurriola o del Kursaal

Un pequeño descanso  antes del regreso.

Como el autobús iba a recogernos en la zona del Kursaal, en el mismo lugar que nos había dejado a la mañana, decidí, antes de cruzar el puente, ir al elegante hotel María Cristina a tomar una consumición para conocerlo. Allí me encontré con un pequeño grupo de la excursión disfrutando de amable tertulia.


  

El  Puente de Zurriola y el mar, como despedida.




San Sebatián, Donostia, Easo, aguarda  al viajero, siempre acogedora.

El verano esta a punto de comenzar (eso esperamos todos) y la Ciudad, que se inundará  de luz y de color, conseguirá que sus visitantes disfruten con su elegante belleza y  excepcional ambiente.


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Sugerencias  en mi blog.

Puente colgante de Portugalete. Vizcaya
http://www.jubiladajubilosa.com/2013/07/puente-de-vizcaya-puente-de-portugalete.html

"La araña". Museo Guggenheim. Bilbao.
http://www.jubiladajubilosa.com/2013/05/la-arana-obra-de-louise-bourgeois.html





17 de mayo de 2013

La araña del Guggenheim. Obra de Louise Bourgeois


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buscando presa,
sigilosa la araña
teje su tela.
                                          (Haiku: Chela)















 con sutil hilo
 enreda al enemigo
 en fuerte malla.
                           (Haiku: Chela)



































































































































muy laboriosa
y paciente, la araña
gana batalla.
                                                                                    (Haiku: Chela)

Pero también...



con mimo y seda
ovilla sus capullos
la mamá araña.
                                                                                      (Haiku: Chela)


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Todo en el Museo Guggenheim de Bilbao es espectacular, el edificio, su entorno, el río que le sirve de espejo... Cada día, cada hora, cada ángulo, nos ofrece una perspectiva diferente de belleza. ¡Aunque llueva! A mi me llovió cuando lo visité la pasada semana pero no por eso dejó de maravillarme. Deseo volver para verlo con sol, al atardecer, por la noche iluminado, con la luz de la luna... ¡Atrapar todos sus posibles colores y reflejos en mi retina!


Para este post, he elegido un elemento escultórico, ubicado en el exterior del edificio, en la parte que mira al río, junto al Puente de la Salve. La escultura a la que me refiero es la  imponente e inquietante araña, denominada "Maman" (Mamá), obra de la polifacética artista y destacada escultora  del siglo XX, Louise Bourgeois, nacida en Francia el 24 de diciembre de 1911 y fallecida en Nueva York el 31 de mayo de 2010.

Louise Bourgeois se inspiró en su madre ("maman"),  para  dar titulo a su obra, pues de ella decía lo siguiente: "My best friend was may mother. She was deliberate, clever, patient, soothing, reasonable and dainty, subtle, indispensable, neat and useful as a spideer. Mi mejor amiga fue mi madre. Ella era cauta, inteligente, paciente, relajante, razonable y delicada, sutil. indispensable, ordenada y útil como una araña.


Louise Bourgeois. Foto de Jeremy Pollard

La araña, que mide casi 10 metros de altura por 10 de diámetro,  que pesa 22 toneladas y esta realizada en bronce, acero inoxidable y mármol, ha destacado como motivo central de la obra de esta artista durante la década de los noventa, además de ocupar muchos de los dibujos realizados en los años cuarenta. Ella misma  bautizó la araña, adquirida por el Museo Guggenheim de Bilbao en 1999, con el nombre de "Maman", en homenaje a su madre que trabajaba como tejedora y restauradora en la galería de tapices que regentaba con su marido en el  parisino Boulevard de Saint Germain.

A pesar de que Louise Bourgeois, casada con el estadounidense e historiador de arte, Robert Goldwater, al que conoció en París, adoptó la nacionalidad de su marido en  1955 y se fue a vivir a América,  ella misma atribuye su influencia artística a los años de infancia y juventud, vividos en París. Después de la muerte de su madre (1932), estudió arte en los talleres de diferentes artistas, residentes y habituales de los bohemios barrios de Montmartre y Montparnasse, pero fueron  sobre todo las vivencias interiorizadas de su ambiente familiar y de las vanguardias que conoció en París, las que impulsaron la mayor parte de su obra.

Fue la araña, la "Maman", del Museo Guggenheim de Bilbao, la que me llevó, como  hilo conductor, de seda,  a interesarme por su autora, Louise Bourgeois, una reconocida escultora, de fama internacional, en la que yo no había reparado con anterioridad. ¡Siempre se esta a tiempo de enlazar con el pasado a través de la historia  del arte! Es para esto que LOS MUSEOS CUMPLEN UNA IMPORTANTE FUNCIÓN DE PERMANENCIA Y CONTINUIDAD.



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Sugerencia:
Ya que estamos  en Bilbao, y nos queda cerca, os invito para que me acompañéis hasta Portugalete para visitar el famoso Puente "Colgante".
Enlace:


30 de abril de 2013

Entrañables fotógrafos del "minuto"



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Plaza de Fonseca en Santiago de Compostela


Con la primavera ha llegado un nuevo fotógrafo del "minuto", dispuesto a dejar impreso en el papel las imágenes de aquellos turistas  y transeúntes  que deseen conservar  un recuerdo de su paso por la Ciudad del Apóstol, tan escaso y tan "retro"  como es tener  una foto analógica, hecha con un antiguo modelo de cámara fotográfica, guarnecida en un cajón de madera , que alberga un diminuto y rudimentario laboratorio en sus entrañas y que, para manipular con sus manos, el fotógrafo protege con un paño negro y oscuro con el propósito de evitar la entrada de la luz durante el revelado de la foto, que luego aclara del hiposulfito en un cubo con agua, colgado a veces del propio trípode que sostiene el conjunto,  y foto que, finalmente,  se seca al sol o al aire, sujeta con una pinza  sobre un rústico cordel.

Los fotógrafos del "minuto" aparecieron por primera vez, como elementos habituales  en parques y plazas de toda Europa,  a finales del XIX y principios del XX, haciendo asequible la fotografía a las clases populares que no  podían pagar la asistencia a un buen estudio. Así, unos lo hacían por necesidad (muchos militares desplazados,  jóvenes parejas de enamorados, niños...) para enviar a sus familias, y otros  simplemente como festivo entretenimiento. A mediados del siglo XX, al menos en España,  la llegada de otras cámaras más asequibles y de fácil manejo,  desplazaron a las anteriores, y solo unos cuantos antiguos fotógrafos permanecieron hasta la vejez  en sus habituales emplazamientos.

Fue durante mi estancia en Santiago, el jueves de la pasada semana, que, cruzando la Plaza de Fonseca frente a la antigua Facultad de Farmacia,  inmortalizada en las canciones de la tuna,  divisé con alegría una de esas viejas cámaras de cajón de madera. Como llevaba mucha prisa  solo tuve tiempo de disparar poco más de un par de fotos y sin mucho detalle. No había nadie posando ni vi al fotógrafo, que estaría seguramente  tomando un café en alguno de los bares colindantes, puesto que era la hora de la sobremesa y no había mucho transito en la calle.  

La próxima visita que haga a Santiago volveré por allí pues me ha quedado pendiente hacerme una foto con esta reliquia de máquina, en pleno siglo XXI. 




















Recuerdos de los antiguos  fotógrafos de La Alameda

La afición por estas fotos me vino tardía y por nostalgia. Mediados los años sesenta  trabajaba en Madrid y cada vez que volvía a Galicia de vacaciones, no dejaba de visitar Santiago de Compostela, sobre todo si me acompañaba alguna amiga forastera en mi tierra. Al inicio del bonito paseo de La Alameda, entonces muy frecuentado y lugar obligado para obtener unas buenas vistas de la catedral compostelana, se ubicaban varios fotógrafos con sus trípodes, sus cámaras de cajón, su cubo de agua, sus trapos y alguno incluso con su caballete expositor de fotos, a la vez que "secadero" de las mismas.

La primera vez que me hicieron una de estas fotos fue en Santiago de Compostela. Estaba yo con dos amigas, Mary Carmen de Vigo, antigua compañera de estudios en Santiago, y  María Teresa, venida de Madrid para pasar unos días en Galicia, cuando al descubrir la presencia de uno de estos viejos fotógrafos, que creía desaparecidos, sentí la emoción de poder tener en mis álbumes una de estas fotos, para mi con valor de joya.  Y además la quise con los tradicionales  e infantiles dibujitos, con los que tantas veces había visto enmarcadas las parejas de enamorados, y que hoy podemos considerar muy "kitsch", pero que a la vez poseen ingenuo encanto. 

Y así, cada vez que volvía a Santiago, repetía el ritual de la foto. Como cuando fui con María, de Palma de Mallorca, o cuando me desplacé en mi "600", con mi madre y mi tía Rosa, en un celebre e inolvidable día de 1976, para ganar el Jubileo,  y en el que fuimos de aventura en aventura, de anécdota en anécdota, y de risas en más risas, a pesar de que yo en la foto, parezca  un  mustio florón. 




La última foto que hice en Santiago, y cuando solo había ya un fotógrafo en La Alameda, fue delante del Instituto Rosalía de Castro, en una mañana lluviosa de 1978, en que me desplacé con unos compañeros de la oficina para asistir a una reunión de trabajo. Tuve que convencerlos para el posado de este ritual  fotográfico del  "minuto". Por cierto, leí en Internet que se llaman fotógrafos del "minuto" porque esta era la marca del papel que usaban para el revelado, pero no estoy muy convencida. Yo siempre creí que era porque cuando hacías la foto el fotógrafo te enviaba a pasear o esperar "unos minutos", mientras revelaba y secaba la foto, que incluso a veces te entregaba algo húmeda si tenías prisa. ¡Hermosos recuerdos los de los paseos  por La Alameda de Santiago!

Cuando en los años  ochenta,  volví a pasear por La Alameda de Santiago ya los fotografos del "minuto"  habían desaparecido. 



Mi afición se reanuda en tierras portuguesas



Viajando un verano por Portugal, a finales de los setenta, me encontré, en Viana do Castelo, y en el Monte de Santa Lucia, desde el que se contemplan unas maravillosas vistas de la desembocadura del río Limia, con un fotógrafo del "minuto" y, siguiendo mi simpatía por este personaje, sonreí a la cámara para dejar un recuerdo. Esta foto es la que tiene mejor tamaño, diseño  y calidad de papel de todas las que conservo.

Pasan los años y...

Vuelvo, en pleno siglo XXI,  a encontrarme con fotógrafos del "minuto". He aquí algunas imágenes, aunque no se trata de fotos mías, sino sobre el ambiente, como si se tratara de estampas costumbristas.


Un mediodía veraniego en Ponte da Lima. 2008

o falta el celebre caballito de cartón, que suele acompañar a estos fotógrafos.



 Pparque del Santuario do Bom Jesús do Monte (Braga). 2012



















El fotógrafo prepara el objetivo, mientras, una pareja posa con sus niños, éstos esperando quizás la "salida del pajarito" (como solían anunciar  estos fotógrafos a los pequeños para mantenerlos mirando a la cámara), con el deseo de quedar luego plasmados en la foto y poder conservarla como simpático  recuerdo  de un  familiar día de verano. Cuando los niños sean mayores, podrán contemplarla con una sonrisa, quizás añorando su feliz infancia, en la que sus padres, muy jóvenes, eran también supuestamente felices.

















Es por todo lo contado que celebro volver a ver en las calles santiaguesas, la imagen de una cámara tan bella como la que encabeza este post. Prometo un posado cuando vuelva por la Plaza de Fonseca.



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Enlaces de interés:

Uno:
He localizado un maravilloso vídeo hecho por un fotógrafo afgano de Kabul, Qalam Nabi, en el que muestra todo el proceso de su "kamra-e-faoree", versión de la cámara de cajón instantánea. Aunque está comentado en inglés  (muy clarito por cierto) las imágenes (fotos y gráficos) son tan buenas que "hablan" por sí solas, y puede apreciarse todo el proceso de funcionamiento, acompañado de un breve intermedio musical. Es un material muy didáctico para quien le guste o quiera saber de este tipo de máquinas. ¡Lo agradeceréis!
Además del vídeo dejo enlace a la página  (en español) de la que lo tomé. Ahí podréis enlazar con otros vídeos sobre estos fotógrafos. 


Dos: 
Incluyo también enlace a otra página con un vídeo-documental, "El minutero" de Iván Fernández de Córdoba  hecho con sensibilidad y calidad, sobre un fotografo  profesional, José Luis Navarro,  que ha decidido, en este siglo,  retomar las calles   y actualizar el  antiguo oficio de "minutero", portando un cuidadoso y  mimado material (en el que incluye el famoso "pajarito" de adorno)  y cuidada presencia personal. Un hombre agradable que cuenta su experiencia a través de  una entrevista, mientras trabaja con su cámara. Esta rodado en la Explanada de Alicante y dura poco más de tres minutos. ¡Merece la pena verlo!



Vídeo de Qalam Nabi, en Kabul:  Interesante.






23 de abril de 2013

Día del libro. La lectura como experiencia de vida.


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 Nuestros momentos de lectura. Vivir con los libros

¿Quien no recuerda, de su propia vida, sus experiencias en  el aprendizaje de la lectura? Los elementales libros en los que descubrimos las letras, las silabas, las palabras y su significado, maravillosos libros en los que aprendimos a leer. 

¿Quien no recuerda sus primeros libros de cuentos, de fábulas, de  historias...? Quizás también recordemos, sino todos, alguno de los textos con las materias que tuvimos que estudiar, de manera sistemática y programada, para asimilar una instrucción mínima, de carácter general y universal, y, más tarde, una instrucción y formación más especializada, necesaria para modelar nuestro   futuro profesional. 

La lectura tiene un enorme poder en la conformación de la personalidad. Libros y lecturas se vinculan con  experiencias de vida. 

Desde la infancia los libros están ahí, contribuyendo a iniciamos en  el mundo de los sueños y la  fantasía. A partir de los primeros años de nuestra vida, los libros nos han acompañado siempre, instruyendo, informando, transmitiendo saberes y conocimientos, así como ideologías y esquemas de valores, que han coadyuvado a moldear la línea de nuestro pensamiento y actitudes, aunque cuando no siempre seamos conscientes de ello. 










                                     


Es la familia el ambiente propicio para despertar el amor por los libros. Las primeras "lecturas",  constituidas por la cálida voz narradora de nuestros padres, de un hermano o hermana mayor, que nos revelaba  el contenido, indescifrable para nosotros, de aquellas letras impresas en papel, de la que solo podíamos comprender el significado de las ilustraciones que acompañaban el texto. ¡Cuéntamelo otra vez!, repetíamos incansables, ávidos de aprender y asimilar aquellas historias que creíamos permanecían "encerradas" en el libro, de manera casi mágica.

Leer es una necesidad, una pasión, una distracción, un placer.  Un libro es apreciada compañía. 





Muchos pintores, de todas las épocas y estilos, han elegido plasmar en sus obras momentos de lectura, posiblemente porque los libros "dicen" mucho de las personas y de los diferentes momentos y modos que estas eligen para leer. Los pintores que abundan en este tipo de composiciones son aquellos que más se han dedicado a reflejar escenas y ambientes de la vida cotidiana o familiar.


La mujer del cuadro que he elegido, de Fernando Botero, lee como a mi me gusta leer, no tumbada en el suelo (yo no estoy tan flexible como parece estarlo la rubicunda dama) pero  si con un cuaderno al lado del libro y un lápiz, al cual le asigno una doble función, señalar algún párrafo o citas de interés para mi, o anotar en el cuaderno, palabras, nombres o referencias sobre las que luego quiero  indagar para ampliar mis conocimientos, o bien aclarar dudas, incluso gramaticales y de significado.

La lectura es buscada como un placer para momentos íntimos de disfrute interior. Es también buscada como  compañía para amortiguar la soledad, el tedio, la espera, o el lento pasar de las horas, actuando como evasión y refugio. El libro está a nuestra disposición, siempre esperando, como el mejor amigo o amiga, dispuesto a servirnos de apoyo  cuando lo necesitamos, sin pedir nada a cambio.

Nos relaja o nos estimula cuando lo precisamos, brindándonos para ello un sinfín de materias y  estilos que podemos elegir a nuestro antojo, gustos o preferencias. Y el no va a contar nada de nuestros más recónditos e íntimos pensamientos o emociones.













El libro nos brinda compañía en la salas de espera o recepción, en las horas muertas de una habitación de hotel, y también se deja compartir en presencia de otras personas, en silencio, cuando utilizamos los mismos espacios domésticos o familiares. La enigmática pintura de Edward Hopper parece encontrar en el libro un elemento significativo  en los diferentes momentos de la vida de los personajes de sus cuadros. Que cada cual haga sus interpretaciones.







Siento predilección por leer y escribir en los trenes, posiblemente porque en una época de mi vida frecuenté mucho los de largo recorrido, con Galicia como principio o fin de trayecto. Leer y pensar sobre lo leído, tomar notas, escribir, era la forma ideal de llenar las horas siempre y cuando la compañía  de una persona amena y de conversación interesante no ocupara el primer plano de mi atención, en cuyo caso relegaba  el libro a otro momento.

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 Relación de obras pictóricas:

 "Mujer joven con libro". 1934. Museo nacional de Rusia en San Petersburgo. 
Obra de Alexander Alexandrovich Deyneka.

"Cuento para antes de dormir". 1883.Colección privada.
 Obra de Antón Ebert. 

"Hermanas del artista". 1826. Statens Museum de Copenhague.
Obra de Constantin Hansen

"Mujer leyendo". 1987
Obra de Fernando Botero.

Las cuatro obras restantes son del conocido pintor norteamericano Edward Hopper, una de ellas, la titulada "Habitación de hotel", pintada en 1931 se encuentra en el Museo  M. Thyssen Bornemizza de Madrid.




11 de abril de 2013

El reloj







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Suena el reloj
acentuando tu ausencia
tic, tac, tic, tac...



Tic, tac, tic, tac...
Lentas pasan las horas
porque no estás.


*  *  *



Rígido, el tiempo
no respeta el amor.
tic, tac, tic, tac...

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"El reloj", interpretado por el chileno Lucho Gatica, famoso cantante de boleros:







¿Cuántos habéis bailado este bolero?  ¡Que recuerdos!...



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Nota:  Reloj del Ayuntamiento de Ortigueira. Foto 10-04-2011