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Burgos, ciudad siempre hermosa, incluso en invierno
Siempre estoy dispuesta para ir a la ciudad de Burgos, a visitar sus numerosos e históricos monumentos, a pasear por las orillas del Arlanzón y escuchar el sonido del correr del río asomada en sus puentes, a tomar un excelente café y yemas en sus locales más emblemáticos, a comer la suculenta y típica morcilla con pimientos asados, acompañados de un buen vino de Ribera del Duero, a subir hasta el mirador del Castillo y contemplar, a la luz del atardecer, las torres góticas de la bella catedral que preside la ciudad, a perderme por los hermosos paseos y jardines... Y, como no, a visitar en la catedral el Santo Cristo de Burgos, imagen de devoción imprescindible de los que peregrinan a Compostela, o que como yo, hacen camino a la inversa.
A finales del mes de enero, desafiando la amenaza de nevadas y mucho frío, me fui con un grupo a pasar cinco días a Burgos para visitar la ciudad y otros lugares de la provincia.
No bien salimos de Coruña, la nieve nos acompañó en el viaje, sobre todo por los montes de Lugo y en el puerto del Manzanal, provincia de León, pudiendo observar un paisaje de blancura inmaculada, a ambos lados de la carretera; los árboles y las aldeas, cubiertos de blandos copos, constituían hermosas postales que alegraron mi vista pues hacia mucho tiempo que no contemplaba la nieve. Al llegar a Burgos, finalizaba la tarde bajo un cielo gris plomizo, y de la escasa nevada caída horas ante en la ciudad, solo quedaba huella en tejados, cubiertas de los coches, y en los pequeños montones de copos helados que, en las calles, se derretían lentamente formando charcos.
Nos acomodamos en el hotel, ubicado en la Calle Madrid, a un paso del centro toda vez que la calle desemboca frente al Puente de Santa María, que da acceso a los lugares emblemáticos de la Ciudad.
Un día, "a mi aire", de paseo por la Ciudad
El primer día de estancia en Burgos estaba prevista una salida fuera de la provincia a un lugar que conocía suficientemente y en el que había estado en fechas recientes por lo que, con una excusa, mitad verdad mitad mentira, conseguí desligarme del programa y quedarme sola en Burgos para visitar la ciudad "a mi aire".
Para empezar me levanté un poco más tarde que el grupo (que marchó temprano) y esperé a que el frío no fuera tan intenso, luego me planté mi gabardina, bien pertrechada por debajo con grueso traje de chaqueta y bufanda, me calé un gorro confortable, calzado cómodo y salí a disfrutar de una capital de la que tengo muy entrañables recuerdos pues la visité con frecuencia durante mi estancia en Vitoria, allá por los años setenta. Entre otros recuerdos, Burgos se vincula al primer trayecto en carretera, realizado desde la ciudad alavesa, conduciendo mi "SEAT 600".
Al poco de salir del hotel, crucé el Puente de Santa María para fascinarme, como siempre que lo veo, ante el precioso Arco de Santa María, situado sobre la que fue una de las principales puertas de entrada de la antigua ciudad amurallada.
Puente y Arco de Santa María, con las torres catedralicias de fondo.
Soñé con ver nevada la ciudad de Burgos pero no tuve esa suerte. Cuando inicié mi paseo, tan solo quedaban restos de copos en algunos tejados, en los bancos de plazas y jardines, en las barandas, y en la vegetación de las orilla del río.
El día era gris al inicio de mi paseo aunque pronto el cielo lució retazos azules, que duraron hasta las primeras horas de la tarde, lo me posibilitó algunas fotos mejores.

Contemplar el río Arlanzón, desde sus arboladas orillas, y admirar las acristaladas galerías y bonitos balcones de hierro forjado, de las fachadas de las casas del Paseo del Espolón, sirvió para reavivar, con emoción, mis recuerdos de otras visitas a Burgos, ya lejanas en el tiempo.El Paseo estaba precioso para mi gusto, sin turistas, con escasos transeúntes, y los árboles, sin hojas, recortando sus brazos desnudos sobre el cielo, permitiendo, desde cualquier ángulo, la visión de edificios y monumentos. Ciertamente puede decirse que Burgos es hermoso, incluso en invierno.
Paseo del Espolón

Desde el Paseo del Espolón, crucé bajo el arco central del edificio del Ayuntamiento, para acceder a su fachada y a la colorista Plaza Mayor, fácilmente imaginable llena de luz y animación en los meses de verano.
Descubrí, junto al Ayuntamiento, una cafetería-pastelería ("Alonso") en la que acerté de pleno a saborear un buenísimo café, acompañado de dos riquísimas yemas, famosas en Burgos.
Mientras disfrutaba del café y de la golosa visión de la vitrina de dulces, me acordé de mi amiga Airblue, y sentí mucho no tener su teléfono anotado en el móvil para conversar un rato con ella y contarle como disfrutaba de mi paseo por la Ciudad que ella ama tanto, donde pasó su infancia y juventud y de donde conserva imborrables recuerdos de su vida. Esta página sobre Burgos se la dedicó especialmente a ella.
Reconfortada con el café y las yemas, me dispuse a hacer la visita más ansiada.
Visita a la Catedral
Crucé el arco de Santa María para recrearme con la visión de su monumental Catedral, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984, que bien puede presumir de la elegancia de las agujas góticas que coronan las torres de su fachada principal, además del espectacular cimborrio del crucero, así como la a fachada que enmarca la interesante y artística puerta del Sarmental.
Accedí al interior de la catedral, después de visitar la plaza de Santa María, presidida por una bonita fuente cuyos adornos centrales rematan en una talla de la Virgen, reflejada en esta ocasión sobre el agua helada del estanque. Nada más entrar en la catedral, como si me dieran la bienvenida, sonaon las doce campanadas del mediodía en el famoso reloj "Papamoscas". Dado que por esta entrada solamente se pueden visitar las dos capillas destinadas al culto diario, la del Santo Cristo (a la que volvería por la tarde para asistir a misa) y la de Santa Tecla, salí para dirigirme a la entrada de visitantes, en la Plaza del Rey San Fernando.La Catedral merece, por si sola, una visita a Burgos. No podía marcharme sin visitarla de nuevo y recrearme en sus magnificas capillas, principalmente la del Condestable, panteón de carácter civil, en cuyo centro y bajo una artística bóveda estrellada, destaca uno de los más hermosos sepulcros que puedan contemplarse en cualquier catedral del mundo, tallado en mármol de Carrara por el artista Felipe Vigarny para perpetuar la memoria del Condestable (patrocinador de la capilla), Don Pedro Fernández de Velasco y su esposa Doña Mencía de Mendoza, a cuyos pies "reposa" también su perro.
Describir tan hermosa y bella catedral, excedería el espacio de este ya de por sí largo post, al tener que relatar tantos detalles de las diversas y ricas capillas, retablos, tallas, relieves, sepulcros, rejas, el coro, o de las espléndidas bóvedas entre las que destaca la correspondiente al cimborrio del crucero. Y sin olvidar las referencias a la singular Escalera Dorada, de estilo renacentista, realizada por Diego de Siloe, que, posteriormente, sirvió de modelo a la realizada en la Opera de Paris. Y no digamos lo que supondría también añadir la descripción de las piezas y tesoros que guardan las capillas del Claustro y el Museo.
Para solucionar el tema informativo y de imágenes, se incluye, al final, enlace a un reciente programa televisivo, sobre la Catedral de Burgos, comentado de forma amena por el famoso dibujante José María Pérez, "Peridis" y que incluye magnificas fotografías, cuya perspectiva es solo factible a las cámaras de los profesionales de los medios. ¡¡Os encantará!! ¡¡Lo prometo!!
Selección de algunas de mis fotos
Siguiendo mi paseo por la Ciudad

Repasando las estatuas cidianas de ambos lados del Puente, me situé en la Plaza del Mio Cid para fotografiar su monumento. Imposible no admirar en Burgos, la noble figura de Rodrigo Diaz de Vivar, uno de los más célebres héroes de la Reconquista.
Me acerqué a ver la Diputación Provincial y el Teatro Principal, en una de cuyas fachadas se encuentra el reloj "El Morito", y una puerta modernista, de madera, de acceso al antiguo Círculo de Recreo.
Después de reponer fuerzas, salí por la puerta de la Plaza de la Libertad para hacer unas fotos a la muy famosa "Casa del Cordón", que fue histórica vivienda del histórico Condestable Don. Pedro Fernández de Velasco, y en la que, en 1497, los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón, a su regreso del segundo viaje a América. Dicha Casa se conoce como del "Cordón", por figurar en su fachada principal un cordón franciscano que parece enmarcar y resalar los escudos y blasones de los Condestables.En dirección a la Plaza de España, en la Calle San Lesmes pasé por delante dos estatuas que reproducen las figuras de dos "gigantillos", danzantes en las fiestas populares, y que representan a una pareja, alcalde y alcaldesa serranos, con trajes populares. En el entorno de la moderna Plaza hay un monumento al Perro perdiguero de Burgos, costeado, como homenaje, por grupos de cazadores. Más adelante, al final de la Calle de Santander e inicio de la Avenida del Cid, vi el monumento al Toro... La verdad es que la Ciudad tiene muchas hermosas figuras y estatuas en plazas y jardines, como la de la Castañera, el Guardia de tráfico, la Muchacha que contempla el río Arlnzón, el Lector de periódico, etc.
Como no me sentía con ánimo para subir a pie hasta el Mirador del parque del Castillo para ver la vista de la Ciudad, tomé un coche de ABUTAXI en la misma Avenida del Cid, después de explicar al taxista el trayecto que pretendía hacer y consultarle el coste aproximado, que luego resultó más barato de lo previsto, a pesar de hacer el recorrido con el taxímetro.
Vista de la Catedral y de la Iglesia de San Esteban, desde el Mirador
Iniciamos el recorrido por el Arco de San Esteban y la Iglesia de San Esteban (cerrada) y continuamos por el parque del Castillo (cerrado) hasta el Mirador, desde donde se puede contemplar la ciudad de Burgos. En primer plano, destaca la maravilla gótica de la Catedral, y, a un lado, la Iglesia de San Esteban, entre los árboles del parque. A lo lejos, retazos de campos nevados.
Seguimos para ver el Arco de Fernán González, el Monumento del Empecinado, el Solar del Cid, lindando con el que fue Seminario Mayor, hoy convertido en hotel, y el Arco de San Martín. Recorrimos también el Paseo de los Cubos, que son restos de Las Murallas de la antigua Ciudad, bien conservad, en las que aún puede verse la Puerta de la Judería, según me indicó el taxista, pues yo no tenia referencia de ella.
Retrocedimos para pasar por delante de las Salesas Reales y el Hospital de Barrantes y salir a la Plaza de Castilla, donde finalicé el trayecto de taxi. Todo por nueve euros y sin que admitiese propina. Allí me despedí de Esteban.
Es la primera vez que se me ha ocurrido hacer un recorrido turístico en taxi pero creo que lo repetiré más veces, con el objeto de ganar tiempo y ver más cosas.
Me paré en el Puente de Bessón para mirar el río, bastante crecido. Al fondo la fachada del Instituto Cardenal López de Mendoza. Un poco más adelante, me distraje observando un gran número de patos, de variados colores, que nadaban mientras otros descansaban en un pequeño islote en medio del río.
Antes de terminar el Paseo me desvié por la calle Martínez del Campo para ver el Palacio Arzobispal y la Facultad de Teología. De allí me fui hasta la histórica Iglesia de Santa Agueda (Santa Gadea), celebre porque en ella Alfonso VI juró, ante el Cid Campeador, no haber tenido parte en la muerte de su propio hermano.
Unas compras. Rico, rico...
La tarde empezaba a declinar y bajaba la temperatura. De nuevo volví a los entornos de la Catedral pero ya la luz no era buena para hacer fotos. Atravesé la Plaza del Rey San Fernando y continué por la Calle de la Virgen de la Paloma, siempre concurrida, para comprar unas morcillas en una de las tiendas más emblemáticas ("La Paloma") que data de 1949. Compré justo las que tenían en el escaparate, se ven en la foto, las dos con la etiqueta, y la grande, fresca, que elaboran en el día. Compré también algo que nunca antes figuró en mis compras, unas alubias de Ibeas, que son de color rojo-morado brillante (parecido al tinto de Rueda), con forma entre redondas y ovaladas, y de pequeño tamaño. Se denominan así por tener su origen en la localidad burgalesa de Ibeas de Juarros, y que además se cultivan en varios pueblos de la vega baja del Arlanzón. Estas alubias, muy apreciadas, son componente esencial del famoso plato "Olla Podrida". En cuanto a las morcillas, en otra ocasión las compraré en un puesto del mercado de la Ciudad, que me recomendó Esteban, el taxista, y luego podré opinar sin son o no mejor que las de La Paloma.
Volví al hotel para guardar las morcillas en la nevera y descansar poco más de media hora, antes de volver a salir.
Final del recorrido
A las seis y media de la tarde era ya noche y hacía mucho fío, pero salí de nuevo pues quería aprovechar bien el tiempo antes de reunirme con mis compañeros.
Iba hacía la Catedral, y al cruzar por el iluminado Arco de Santa María, vi que aún estaba abierto el Centro Cultural Histórico Artístico, que alberga piezas museísticas en las plantas superiores, y entré a visitarlo. Merece la pena, incluso el edificio, que conserva un precioso artesonado mudéjar, como techo de la Sala de la Poridad, de planta octogonal, donde se reunía el antiguo Concejo de Burgos.
Continué luego hasta la Plaza de Santa María, y accedí, por la fachada principal de la Catedral, hasta la capilla del Santo Cristo de Burgos, donde se celebraba misa a las siete y media de la tarde. Cuando aquella terminó, el sacerdote preguntó si se encontraba allí algún peregrino a Compostela, y dos hombres que estaban un banco delante de mí, manifestaron serlo.
Contenta, regresé al hotel, dando por finalizado un día de estancia en Burgos, que para mí empezó y terminó en la Catedral, una catedral que está también en "El CAMINO", un camino que es Patrimonio de la Humanidad, un camino que acerca pueblos y gentes en un abrazo intercultural.
Entonces el sacerdote leyó una especial oración para ellos, los peregrinos, que logró emocionarme. Les deseaba que alcanzaran con éxito su propósito y objetivos e invocaba al Santo Cristo para que los protegiera en el camino librándoles de peligros y de enfermedad, a la vez que pedía alcanzasen en su visita al Apóstol Santiago, bienes espirituales para su alma. Así mismo les deseaba un regreso feliz a sus hogares esperando que portasen paz y amor para sus familiares y seres queridos, a los que deseaba encontrasen bien a su llegada. Y les dijo muchas más cosas, llenas de humana religiosidad, que ya no recuerdo. Finalmente les dio su bendición. Y yo, emocionada, me acerqué a estrecharle la mano a cada uno de ellos a la vez que les decía ¡Buen camino! Ellos, emocionados también, estrecharon mi mano con las suyas.
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Enlaces sobre la Catedral:
1) Vídeo. 2) Fotos y textos explicativos.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-luz-y-el-misterio-de-las-catedrales/luz-misterio-catedrales-burgos-catedral-santa-maria/1661761/
http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=7411



















