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7 de noviembre de 2014

"Fulbright Program", Premio de Cooperación Internacional.



Reconocimiento al Programa Fulbright en los Premios Príncipe de Asturias 2014.




Foto: RTV.es (tomada de Internet)

Evan Ryan y un grupo de becarios Fulbright en el momento de recoger el Premio de Cooperación Internacional  2014, de manos del Rey Felipe VI. 



Foto: AFP PHOTO/ MIGUEL RIOPA. (tomada de Internet a través de RTE.es)



El día  22 del pasado mes de octubre,  Evan Ryan, la S ubsecretario de Estado  para Asuntos Educacionales y Culturales (ECA), de Estados Unidos de América, recogió en Oviedo el "Premio Príncipe de Asturias 2014 de Cooperación Internacional", otorgado al  "Programa Fulbright" , creado en 1946, poco tiempo después de finalizar la Segunda Guerra Mundial,  por el senador James William Fulbright (1905-1955), con el propósito de fomentar, mediante programas de intercambio  cultural y de experiencias, el conocimiento y entendimiento mutuo, así como la promoción de relaciones pacificas, entre las personas de los pueblos norteamericanos  y las de otros países. Evan Ryan acudió a recoger el Premio acompañada de un grupo de becarios procedentes de diferentes partes del mundo.

El Programa Fulbright alcanza a más de 150 países y desde su implantación son muchos miles de personas de todo el mundo las que se han beneficiado de sus becas, en las diferentes modalidades. El Programa se financia con fondos del gobierno de USA y de organismos públicos y privados de los países que se adhieren al mismo.

Estuve entre los firmantes de solicitud para la concesión del Premio y me hubiera gustado estar en el Teatro Campoamor de Oviedo, el pasado 22 de octubre para aplaudir por la concesión, pero eso no estaba en mis posibilidades. Está página quiere representar  mi modesto aplauso, al Programa Fulbright  como antigua becaria.


Mi  experiencia como becaria.



La entrega  del Premio Príncipe de Asturias 2014 de Cooperación Internacional al Programa Fulbright, que seguí por televisión española, me llenó de emoción porque me hizo recordar mis vivencias como becaria de dicho Programa en el año 1978.

Son muchos los recuerdos, cargados de emoción, que, suscitados por ese acontecimiento, vienen estos últimos días a mi memoria, llevándome a buscar entre mis fotos y documentos imágenes y datos de esa estupenda e inolvidable experiencia en Estados Unidos de América, compartida con un grupo de jóvenes de otros países y continentes. 




Recuerdo con mucho cariño a todos los becarios que formaban el  grupo que compartió conmigo la experiencia del TCIP. Twin Cities International Program. For Youth Leaders and Social Workes.  (Para lideres de juventud o animadores socioculturales y trabajadores sociales)en el Estado de Minnesota. Nunca los he olvidado y supongo que ellos tampoco pues ha sido una experiencia única y agradable de convivencia, intercambio cultural y profesional, además de buena relación.


El Grupo

Mary (Jerusalén),  Irene (Suecia), Roland (Suecia), Eda (Jamaica), Roda (India), Katy (India),  Joseph  (Nigeria), Patricia (Nigeria), Grace (Hong Kong), Faith  (Hong Kong), Sithembiso  (Swaziland), Annette  (Alemania), Karin (Alemania), Catherine (Filipinas), Deney  (Costa Rica), Lillis  (Bahamas), Danuta  (Polonia), Terhi  (Finlandia),  Selva (Malasia), Suthida (Tailandia), Edna (Ghana), Paul (Taiwan), Gury (Noruega,  Mirna (Guatemala) e Isabel (España). 



   Recién llegados a Minnesota, primeros días de convivencia. 


En la residencia. Parte del grupo con Marrilyn Belgum

A Merrilyn Belgum, directora ejecutiva del Programa (TCIP), la recuerdo también con frecuencia. Era una persona entrañable, exquisita y   muy entregada a su trabajo, que hizo un seguimiento correcto de cada una de las personas del grupo y que atendió, con gran diligencia y cordialidad, nuestras peticiones y sugerencias para contactar con personas, servicios y entidades conforme a nuestros intereses profesionales y culturales, sin descuidar aspectos de tipo humano, de adaptación y relación entre el grupo, con el personal de los centros donde trabajamos y con las familias norteamericanas con la que convivimos. De ella recibimos las primeras orientaciones e información, en la residencia, donde fuimos acogidos a la llegada a Minnesota para convivir todo el grupo y conocernos mejor. 

Familias Anfitrionas, de acogida ("Host Families")


Me resulta difícil decidir cual ha sido la mejor experiencia de mi estancia norteamericana, ¡han sido tantas cosas y todas tan buenas!, pero además de la oportunidad de conocer al grupo de becarios, todos personas jóvenes entusiastas y volcados en sus experiencias profesionales, representantes de tan diversas culturas y países pero con un afán común de universalidad y entendimiento entre los pueblos, debo añadir que el haber convivido, con cuatro familias norteamericanas de diferentes status socio-económicos y distintas circunstancias de edad y socio-familiares, ha sido una maravillosa experiencia, capaz de desmontar todos los "clichés" de quienes opinan solamente por referencia y con absoluto desconocimiento de las gentes de otras latitudes y de sus realidades cotidianas.

Viví en Minneapolis con la familia de un coronel de aviación retirado, con apellido de origen austro-húngaro. La familia la componían el matrimonio, personas muy afables, alegres y cariñosas, con ocho hijos, algunos casados e independizados. Aunque tengan buen nivel económico, acostumbran a hacer todos los arreglos de la casa personalmente. Cuando llegué el padre y uno de los hijos estaban cambiando las dobles ventanas del invierno, para poner las mosquiteras de cara al verano. En la planta baja de las casas grandes siempre hay espacio para herramientas (perfectamente ordenadas), lavandería, garaje... Las mujeres tienen también su espacio para el planchado y confección de ropa que se hacen ellas mismas con patrones. Hacen también el pan, repostería, etc.  

La segunda familia, residente en Saint Paul fue una pareja de jubilados mayores. En ocasiones nos veíamos con alguno de sus hijos casados y los nietos. Eran entrañables. A ella le gustaba tocar el piano, cuando no estaba fuera trabajando como voluntaria. En todas las casas que estuve, a excepción de la pareja más joven, todos tenían instrumentos musicales, sabían  música y gustan de interpretar.

Estuve después con una pareja muy joven, hijos de inmigrantes polacos, y aunque trabajaban como funcionarios vivían entonces con bastante   bohemia, aunque aspiraban a un buen futuro con el confort que entonces no tenían. Se habían comprado, a bajo precio, una hermosa e interesante mansión, bastante deteriorada y carente de comodidades en el interior, que esperaban reparar poco a poco calculando disponer de futuras ayudas previstas por la Administración para rehabilitar viviendas en la zona, que en aquel momento contaba con muchas casas dejadas por sus antiguos propietarios y que amenazaban ruina. El matrimonio tenia dos niños muy pequeños y ella estaba de baja por maternidad. 

La cuarta familia (estuve un mes con cada una) la componía un matrimonio muy simpático y animado, el era ingeniero de profesión. Tenían tres hijos, dos casados  e independizados y un chico de unos 15 años que vivía con ellos y que disfrutaba haciendo aeromodelismo, además de trabajar, en sus vacaciones, en un supermercado para llevar los carros de la compra hasta el aparcamiento de coches. Sin necesitarlo por la economía de sus padres, esto lo hacía para pagarse la matricula de sus estudios. Algo frecuente en los jóvenes americanos y que  llamó mi atención favorablemente.

Con esta familia, cumplí el deseo de ir por el río Mississippi en un barco de vapor con ruedas de palas (Steamwheels boat) que mueven el agua a propulsión para impulsar la navegación. El barco era el antiguo "Josiah Snelling". Esto ya lo conté hace tiempo en una página de este blog que os recomiendo porque creo que os gustará. (enlace)


Casas en las que viví, acogida por las familias anfitrionas.




















En la Universidad de Minnesota. Minneapolis. Formación.


De los cuatro meses que estuve en Minnesota (no pude aceptar la beca de 13 meses, porque  hubiera tenido que pedir excedencia en mi trabajo y no tenía garantías de reincorporarme a mi puesto al regreso), el primer mes de estancia en Twin Cities (las ciudades gemelas: Minneapolis y Saint Paul) estaba programado para acudir a la Universidad de Minnesota, en la ciudad de Minneapolis, donde también viví ese mes.

Todos los días, en jornada de mañana y tarde,  tuvimos sesiones informativas sobre muy variados temas y materias, mediante seminarios dirigidos por un profesor, debates, conferencias de expertos y profesionales invitados, etc. Algunos días nos desplazábamos también para visitar instituciones y servicios relacionados con las materias expuestas con anterioridad.

La utilización de las instalaciones de la Universidad, (incluidos los comedores) nos permitió interesantes relaciones con estudiantes americanos y disfrutar de un ambiente estupendo, tanto intelectual como humano. Los desplazamientos los hacíamos en autobús, pero la mayoría de estudiantes lo hacían en bicicleta.



En la Universidad con unas  compañeras becarias




Ambientazo en el campus las mañanas de concierto por la Orquesta Sinfónica de Minnesota.  ¡Todo un lujo al aire libre!















Ratos de descanso al mediodía.





   

 

 En la ciudad de Saint Paul. Trabajo





El Capitolio. Saint Paul.








La Catedral y El Capitolio 


Los tres siguientes meses de estancia en Minnesota, cada uno de los becarios fuimos asignados a una de las dos ciudades gemelas, de acuerdo  a los centros de trabajo que consideraron adecuados para cada uno de nosotros, alojándonos  con familias del entorno más próximo.




  "West Side Health Center" (La Clínica), integrada  en el edificio de la "Neighborhood House"  de la zona oeste de la Ciudad de Saint Paul.


A mi me asignaron a la ciudad de Saint Paul, para trabajar en el "West Side Health Center", clínica  ubicada en un amplio Centro Social ("Neighborhood House") de la zona oeste, desplazándome cada mañana, muy temprano, en un largo recorrido de autobús. El centro funcionaba ininterrumpidamente en horario de mañana y tarde y hacíamos turnos para comer y descansar un rato, bien en el propio centro o saliendo a algún sitio próximo. A media tarde la ciudad quedaba desierta y todo el mundo regresaba a sus casas para cenar y mantener  agradable velada en familia.

Mi trabajo  en el Centro, que  atendía a gran parte de usuarios y pacientes de condición inmigrantes y habla hispana, resultó muy interesante, pues por mi condición de becaria, me permitían ir pasando por diversos servicios para que conociera su funcionamiento y así puede experimentar tanto en los del propio Centro de Salud como los del Centro Social, aunque principalmente colaboraba con la dirección de la clínica, en la redacción y supervisión de documentos y folletos divulgativos sobe los diversos servicios de salud y prevención, escritos en inglés y en español. También colaboraba con una trabajadora social que atendía, dos días a la semana, el programa WIC ("Women, Infants and Children") que trataba sobre alimentación complementaria y educación nutricional,  para mujeres embarazadas, bebés y niños entre 0 y 5 años con deficiencias alimentarias, y familias con pocos recursos económicos. 

Una de las cosas de las que más aprendí fue de la organización y dirección del trabajo. No existía la improvisación ni las pérdidas de tiempo, gracias a la planificación mensual previa y a la asignación de un supervisor con el que consultabas dudas, hacías aclaraciones, sugerencias o quejas, y con él también se planificaba, conjuntamente,  el trabajo para el siguiente mes. La supervisión era jerárquica  hasta enlazar con el director, el cual de esta manera conocía con precisión todo lo que sucedía en el Centro, lo que le permitía, además de aprobar las planificaciones de cada área o servicio, señalar acertadas directrices para el conjunto. Al inicio del mes cada profesional encontraba en su cajetín-buzón, en la entrada del edificio, una gacetilla de carácter interno con la planificación de todos los servicios e indicando del día y hora de las salidas, lugares  y gestiones que algunos profesionales harían fuera del Centro, para conocimiento del resto. Y esto que podría parecer "cuadriculado" (aunque muy eficaz para el aprovechamiento del tiempo) se compensaba con  unas notas de cordialidad, al recordar también en la gacetilla, las fechas de cumpleaños del personal, permitiendo obsequiarle con una tarta y celebrarlo entre compañeros. ¡Yo también tuve mi sabrosa tarta de celebración el último día de estancia allí!  Si la foto no estuviera movida la hubiera mostrado.  

La eficacia y seriedad en el trabajo no estaba reñida con el buen talante y cordialidad que reinaba entre todo el personal y entre éste con la dirección. Aprendí muchas cosas y yo también les aporté algo de mi experiencia como trabajadora social, refiriendo algunos casos y programas que en España se estaban haciendo bien en esa época. Conocer, aprender, experimentar e intercambiar. ¡De de eso se trataba!

Acreditaciones de nuestra experiencia de trabajo.


Al final de los tres meses de trabajo tuvimos una agradable jornada con Marrilyn Belgum,  nuestras familias anfitrionas y representantes de los centros y servicios donde trabajamos, y en la que se nos entregó un documento acreditativo de nuestra experiencia. Al finalizar, compartimos todos momentos festivos, en la que además de la alegría no faltaron las lágrimas por el preludio de la inevitable separación de la despedida. 

¡Con cuanto cariño estoy recordando ahora a todas las personas que conocí y las buenas relaciones que sostuvimos! 


Con Marrilyn Belgum y algunos de mis compañeros.



Encuentros entre becarios


Durante el tiempo que estuvimos separados por razones de trabajo, aprovechábamos cualquier oportunidad para encontrarnos y celebrar algo, a lo que muchas veces contribuyeron nuestras familias anfitrionas y amistades americanas, que nos ofrecían un espacio acogedor en sus casas. 



Encuentros  festivos y de celebración 


Esta es una de mis fotos preferidas.  Reflejo de la grata convivencia y relación entre participantes del Programa. ¿De qué estaríamos hablando? ¡A saber!



Despedida en Washington

Mi estancia en Estados Unidos de América, comenzó  con la llegada a New York la tarde del lunes 24 de abril de 1978. 

El día 25 nos reunimos  180 becarios Fulbright de diferentes continentes, en representación de 61 países en el edificio de las Naciones Unidas, donde fuimos recibidos por miembros del gobierno americano y del staff de los diferentes subprogramas que nos llevarían después a diversos Estados donde se iba a desarrollar  nuestra experiencia. (ver enlace a  página de referencia)

El 14 de agosto dejamos Twin Cities para dirigirnos a Washington, donde el día 15, y después de visitar el Capitolio,  tendríamos una interesante reunión,  con el resto de becarios que habían permanecido en otros Estados, a excepción, si mal no recuerdo, de los que se quedaban  para concluir la beca de 13 meses y ampliar sus experiencias y aportaciones al Programa.



Últimos   contactos, en Washington, al final de Programa y el mismo día de mi regreso a España. 

*  *  *

De la beca conservo también recuerdo de tres nombres que se corresponden con tres excelentes personas, cuya amabilidad, ayuda  y comprensión,  me facilitaron el camino de ida y vuelta a mi estupenda experiencia americana. Fueron estos, D. Ramón Bela, director ejecutivo de la Comisión de Intercambio Cultural entre España y los EE. UU. de América, y Dña. Nieves Jimeno, jefe de Programa,  ambos apoyaron y facilitaron con diligencia todos mis trámites. 

Y, por suerte para mi, tuve el más importante apoyo, al seleccionarme, mediante entrevista personal en Madrid,  entre los candidatos españoles a la beca de 1978, del Secretario General del "Council International Programs" y fundador en 1956 del Programa para "Youth Leaders y Social Workers" (en el que  participé), Mr. Henry B. Ollendorff, fallecido poco después de mi estancia en USA, pero del que una Fundación, que lleva su nombre, se encarga de mantener vivos sus planteamientos y objetivos.  Con referencia a su personalidad, se dijo de él esta frase: "A man, a vision, a dream of brotherhood and peace that lives on in the spirit of CIP and in all our hearts". "Un hombre, una visión, un sueño de hermanamiento y paz que vive en el espíritu del Programa Internacional y en todos nuestros corazones".

Me considero muy afortunada de haber podido vivir esta rica experiencia.

*   *   *

Anexo: 26 de noviembre, 2014

Hoy he recibido un correo de D. Alberto López San Miguel, Director Ejecutivo de la Comisión Fulbright España, en el que me remitía, amablemente, enlace a un vídeo, para compartir la experiencia vivida por cinco becarios del Programa: Nomsa (Sudáfrica), Naim (Indonesia), Shehzad (Pakistán), Félix (España) y Rusell (EE.UU), como representantes de toda la Comunidad Fulbright,  en la entrega al Programa Fulbrigth, del Premio Príncipe de Asturias 2014 de Cooperación Internacional, acompañando a la Subsecretaria de Estado para Asuntos Educacionales y Culturales (ECA) de USA.

Ahora  también yo comparto el vídeo  y  toda vez que he conseguido conectar con algunos de los  compañeros que, en 1978, participaron conmigo la experiencia Fulbright en Minnesota, espero que puedan verlo y  les guste.