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Los pazos de Galicia rebosan camelias

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18 de noviembre de 2012

Tejados de catedrales. De Milán a Compostela.

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 Duomo de Milán, foto actual tomada en Internet (Oficina de Turismo de la Ciudad )

 Catedral de Santiago de Compostela


La perspectiva.

 

Enlazando con uno de los posts anteriores en que, a propósito de amaneceres y puestas de sol,  recordaba una canción de la película "El violinista en el tejado", llegué, por asociación, al tema del título, referido a su principal protagonista, quien en los momentos más significativos de su vida, o cuando se sentía abrumado por los problemas o  circunstancias adversas,  subía al tejado de su casa a tocar el violín, para, desde allí, tratar de "tomar distancia" de las cosas, verlas en su justa dimensión  y poder adoptar las decisiones más adecuadas según el caso. No voy a tratar en esta página ni de la película ni de su música pero si del hecho de ver las cosas desde una cierta altura y de mis paseos por los tejados de dos famosas catedrales.

Si desde una plaza  y al pie de un campanario o  torre, miramos hacía su punto más alto, bajo un cielo lleno de nubes,   podríamos sentir sensación de vértigo y la torre parecería  que se nos viene encima. Por el contrario, si subiésemos a lo alto de la misma y contemplásemos la plaza, todo se empequeñecería adquiriendo una dimensión distinta, las casas y edificios del entorno parecerían el decorado de un teatro, y las gentes que transitasen por la plaza y calles adyacentes,  semejarían marionetas que uno pudiese manejar a su antojo sobre un  escenario. Ver las cosas desde abajo o desde arriba, a distintos niveles, nos permite obtener diferentes enfoques y perspectivas.

Cuando se tiene un problema, en el que nos involucramos emocionalmente,   conviene tomar cierta distancia y analizarlo desde una perspectiva que  permita distinguir todos los ángulos posibles y considerar, con objetividad,  el papel que desempeñan el resto de participantes o afectados, así como sus intereses y estrategias. Seria algo parecido a convertirnos en espectador desinteresado de nuestras propias actuaciones,  facilitando la objetividad y posibilidad de ver las cosas en su justa dimensión.


Un paseo por los tejados de catedrales.

* Duomo de Milán (Tejados). 1967

 


La primera ves que subí al tejado de una catedral fue en Milán, hace más de cuarenta años,  y recuerdo que me impactó el poder contemplar tan de cerca sus góticos contrafuertes y pasear bajo las arcadas de los arbotantes, observar las gárgolas y  sobre todo admirar las agujas o pináculos que  remataban con bellas  estatuas,  coronando la catedral y flanqueando ambos lados de la cubierta principal, como si se tratase de una avenida de "cipreses" o de dos filas de apostados y gallardos "soldados", luciendo arrogantes y con gallardía, su majestuosa belleza  ante los visitantes .

Lo que no recuerdo es como  subí hasta el tejado, si lo hice por unas escaleras o en un elevador. Actualmente sé que tienen un ascensor para hacerlo  pero entonces ignoro  si ya existía. Me olvidé de como ascendí pero jamás  se  borraron de mi memoria las bellas imágenes que pude contemplar en el recorrido por el tejado, las numerosas figuras y  filigranas de piedra, recortadas sobre el cielo de la ciudad,  y a la vez  tan cercanas que las bases de algunas de esas maravillas, artísticamente esculpidas y talladas, podrían casi tocarse con las manos, de no ser por el debido respeto que merece cualquier obra de arte, amén del riesgo de caer al vacío.

Durante la comtemplación de las múltiples figuras y ornamentación que  embellecian  aquellas  agujas, hice una foto  de lo que podríamos llamar  "árbol del bien y del mal", reproduciendo las figuras de Adán y Eva  descansando a la sombre de  los frutos prohibidos, que me encantó, y que por mucho que ahora he buscado en páginas y vídeos de Internet no conseguí ubicarla. Lo cierto es que, pasados los años, la fachada del Duomo, que ahora luce  preciosa,  ha sido  remozada a la par que las naves interiores y la mayor parte de la catedral, pero, hasta hace poco, todavía quedaban algunos pináculos y figuras, de las partes altas y tejados,  sometidas a restauración y limpieza, permaneciendo cubiertas e inaccesibles a los ojos de los visitantes y los objetivos de las cámaras.

El "Duomo" (del latin Domus Dei, Casa de Dios) catedral de Milán es una de las más bellas catedrales góticas  y la segunda más grande (algunos dicen que es la de Colonia, en Alemania) del mundo, después de la de Sevilla, que es la que ocupa mayor superficie. Por supuesto, excluida la Basílica de San Pedro, al  no tratarse de una  catedral gótica.

La nave central del Duomo mide 45 metros de altura, pero si incluimos la aguja de "La Madonnina" (figura de la Virgen Asunta, realizada en cobre dorado), obra del escultor Guiuseppe Perego, e instalada en 1774 en el punto más alto de la cubierta de la catedral, la altura total que alcanza el Duomo en este punto es de 108,5 metros. En mi visita a los tejados llegué hasta los pies de La Madonnina y desde allí pude contemplar, a los viandantes que iban desde  la Piazza Vittorio Emanuelle hasta las galerías del mismo nombre, como si fuesen indefensos liliputienses.

Siento no haber visitado la catedral de Milán y su entorno, en fechas más recientes (he visto unos fotografias y vídeos preciosos hechos estos dos últimos años) porque, a pesar de la grata impresión que entonces me causó la experiencia, la actualidad nada tiene que ver con las imágenes en "blanco y negro" que existen en mi memoria. Algo así me pasó  la primera vez que visité Londres cuyos principales edificios y monumentos estaban recubiertos de una patina negra, producto del hollín de las chimeneas, y la contaminación ambiental. Ahora las ciudades, en las que se ha llevado a cabo una adecuada intervención ambiental, monumental y artística,parece que se hayan vuelto "de color".

Estas fotos son una muestra de aquella experiencia  en "blanco y negro"






























Vista del  Doumo de Milán en la actualidad


* Catedral de Santiago de Compostela (Tejados). 2012

 

Las autorizaciones de visitas, a pequeños grupos de turistas y particulares, a los  tejados de la catedral de Santiago son relativamente recientes, aunque siempre existió esa sólida y hermosa cubierta de losas de granito puesto que, en su origen,  el tejado se había edificado de esa manera para poder  ser usado y ocupado con tropas defensivas ante enemigos o invasores de la ciudad y  la catedral.

Esta pasada primavera y haciendo un "extra" para mis rodillas, teniendo en cuenta que en esta catedral  no hay ascensor como en la de Milán ni yo tengo la juventud de 1967, pero sobre todo  porque ya  no me quedan muchas ocasiones de proezas (en algunos lugares con muchas escaleras prohíben el acceso a mayores de 65 años, aunque la medida me parece  una tontería porque la dificultad no radica en la edad sino de salud) no quise perder la oportunidad y me dispuse a visitar los tejados de la Catedral de Santiago, con un principal propósito, ver de cerca la Torre Berenguela, con su famoso reloj y la mucho más famosa campana que acompañaba mis horas nocturnas de estudio, en vísperas de exámenes, dando las horas, las medias y los cuartos, con su tañir solemne y pesado, que en las noches de frío y lluvia semejaba incluso un sonido lúgubre.

Hice la visita  acompañada de un grupo de mayores de la Universidad Senior de Coruña.

La visión de los tejados de la Catedral de Santiago de Compostela nada tiene que ver con la de Milán, pues los estilos arquitectónicos, el color de la piedra y la luz ambiental son muy diferentes pero hay una excepción,  y es la similar emoción que produce el recorrido por las cubiertas entre las torres y la visión del entorno desde una perspectiva distinta de la habitual. Por otro lado, la altura de la nave central de la catedral de Santiago es de 22 metros, inferior a la de Milán,  por lo que, consiguientemente,  está   también a  menor la altura  la cubierta o tejado principal.

   Cimborrio. Torre Berenguela a la derecha.







                                             

Un grupo de universitarios seniors



Plaza de Platerias


Otro aspecto de La Berenguela



















Plaza de la Quintana

















Cruz de los Farrapos (harapos), ante la que los peregrinos
 quemaban sus ropas al finalizar el Camino.














Detrás de la facha del Obradoiro

Catedral de Santiago. Fachada del Obradoiro

Comentario: 

En este post no aporto datos históricos ni artísticos de ambas catedrales porque para ello precisaría de mayor extensión que la de esta página en la cual solo trato de reseñar, escueta y fotográficamente,  mis  experiencias -muy distantes en el tiempo-  de los emocionantes paseos por los tejados de dos hermosas catedrales, Milán y Santiago de Compostela, cada cual con su estilo y peculiar simbolismo.

¡Y no creo que tenga fuerzas para  pasear por ningún tejado más aunque me empeñase! La primera torre que subí fue la de La Giralda, en los años sesenta,  y la última la Torre de Hércules, hace un par de años, y ésta gracias a que fui parando y sentándome en los descansillos. 

!Aprovechad para verlo todo mientras seáis  jóvenes y tengáis buena salud!

*   *   *

Enlaces que pueden interesaros:

http://megaconstrucciones.net/?construccion=catedral-milan 

Esta página tiene un amplio encabezado de datos que puede despistar pero el contenido no tiene desperdicio   pues aparte de muy buenas fotografías e información histórica y artística remite también a otros enlaces interesantes de páginas y vídeos. Os lo recomiendo si queréis ver y conocer bien la catedral de Milán.


Este es sobre la catedral de Santiago de Compostela. Tengo que buscar otros  pero carezco de tiempo y los que acabo de ver no me convencen demasiado.





11 de noviembre de 2012

El castañero. "O homem das castanhas"

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¡Buenas y calentitas! ¡"Quentes e boas"!


Aunque  no hacía frío, la tarde estaba lluviosa cuando pasé por la Calle Real de Coruña. 

Ninguna novedad me salió al paso, tan solo algo entrañable: el castañero con su carro, apostado en su esquina habitual de cada otoño y cada invierno. Su bata azul, el antiguo y adaptado carrito,  en cuyas bandejas crepitaban las castañas al asarse,  los cucuruchos de papel preparados para servirlas...

Pocos se acercaban a comprar esa tarde, la gente caminaba de prisa bajo sus paraguas, mientras el castañero sorteaba la lluvia como si ya le fuera familiar. Cuando no llueva vendrá el frío, pero el castañero permanecerá fiel en su esquina, acudiendo cada día, a la misma hora, para ofrecer  el delicioso y calentito fruto, tan apetecible en las tardes de invierno. ¡Gracias señor castañero!


















    Esta foto es del otoño de  2007 y fue ya publicada en otro post. (Enlace)














Castañas asadas. Coruña.
                                    
                           Castañas asadas. Lisboa

En Portugal, las castañas  se asan de forma distinta y toman diferente color.



     Foto tomada en Lisboa el pasado mes de octubre. Sentí no haber hecho  más.


Lo bueno  es el vídeo que encontré (intentando hallar otro, sobre el mismo tema, que una amiga me había enviado el pasado otoño y que no sé donde archivé o si lo borré distraídamente) en el que Carlos do Carmo, conocido fadista portugués, canta "O Homem das castanhas".  

El vídeo, de YouTube,  esta montado, por su autora ("araujoiii"), con bonitas fotos del ambiente de los vendedores de castañas en Portugal, y la letra (que figura en portugués en el vídeo), narra las penurias de un castañero que trabaja sin descanso y que se gana la vida humildemente. 
Incluyo  una traducción, personal, que espero sea válida, pero admito correcciones.



Traducción de la letra, al español. (Si alguien detecta algún error agradezco que me lo haga saber. Yo no estudié portugués pero lo entiendo)


El castañero (“O homem das castanhas”)

En la Plaza da Figueira
o en el Jardín de la Estrela,
es en una estufa encendida
que ellas arden.
En el canto del Otoño,
en la esquina del Invierno,
el castañero es eterno.

No tiene era, ni orilla, ni refugio,
y pregona como un desafío.
Es un cartucho pardo su vida,
y, si no lo mata el hambre, lo mata el frío.

Un carro que  empuja,
un sombrero agujereado,
en el pecho, una castaña que no arde.
Tiene  lluvia en los ojos y tiene un aire cansado,
el castañero que pregona al final de la tarde.

Al pie de un candil acaba el día,
voz ronca que brota de la pobreza.
Pregona pedazos de alegría,
y a la noche se va a dormir con la tristeza.

Estribillo:

¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Estallando cenicientas en la brasa,
¿Quién quiere calientes y buenas, calentitas?
Quien compra lleva más calor para casa.

El dolor que transporta la miseria, ambulante,
pasea en la ciudad el día entero.
Es como si empujase el otoño delante
y como si empujase la espesa niebla.
¿Quien sabe la desventura de su destino?
¿Quien mira para el castañero?
Nunca nadie pensó que allí al lado
arden en el fogón grandes dolores.

Estribillo.
.../...
Quien compra lleva más amor para casa. (final del ultimo verso)

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Si os tuviera cerca, os invitaría a castañas asadas, ¡tan "quentes", tan "boas"!
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Anexo:   11 de noviembre, 2016
Por suerte la saga de los castañeros no se extingue.

El carrito de castañas, apostado en la calle Real de Coruña junto a la Delegación de Gobierno, nos alegra y conforta cada otoño e invierno, las tardes y noches frías, con su característico olor - inevitable publicidad,- para invitarnos a degustar sabrosas y calentitas castañas asadas. ¡Bienvenido sea!

Sergio, el castañero, que por primera vez fotografié en 2007,  hace un par de años, que se ha situado en otro lugar de la misma calle, ahora, en su lugar tradicional  le sustituye Pura, su mujer, que, amable y sonriente, permanece fiel a la tradición para nuestro contento. Al carro le han añadido un soporte rodante en la parte delantera  para su mejor traslado. Muestro una foto que le hice ayer por la noche aunque no está muy bien. por efectos de las bombillas y mi vieja cámara, si otro día consigo hacerle una mejor  sustituiré ésta.


¡Gracias Pura por seguir repartiendo calor y sabor en esta esquina coruñesa!

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Más sobre castañas: "Color y sabor de otoño"
http://www.jubiladajubilosa.com/2007/11/color-y-sabor-de-otoo.html